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Ordizia - Alkiza - Andoain - San Sebastián - Oiartzun - Rentería
26-10-2016
(mapa)
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Unos días antes del cambio de hora di por finalizada (en principio) la temporada con una salida que incluía diversos alicientes.
Uno de ellos ir a Donostia/San Sebastián siguiendo el valle del Oria y el trazado del ferrocarril. Hasta que se concluyó la autovía A-1 eso era poco menos que impensable en bicicleta.
Otro era completar la colección de 20 caseríos del País Vasco mencionados en un reportaje que publicó la prensa año y medio atrás. Me faltaban dos y la jornada se presentaba propicia para ver ambos.
En Donosti esperaba un tramo de bidegorri de lo más curioso, por un túnel que hace años recorría el Topo.
Por último, y suponiendo que tuviera tiempo y ganas, en Irún aguardaba el monte San Marcial.

De entrada, el día amaneció con una temperatura soportable.
Acompañé al Oria por el bidegorri hasta Tolosa.

De Itsasondo a Legorreta, bidegorri
De Itsasondo a Legorreta, bidegorri (26kb)

Los habitantes de la antigua capital de la provincia pueden presumir, entre otras cosas, de sus carnavales, sus alubias, el museo de marionetas (Topic) o el certamen coral, que se iba a celebrar pocos días más tarde y en el que no participan los coros que quieren, sino los que quieren y demuestran un alto nivel, como el que tiene, a nivel individual, una paisana ilustre de los tolosarras, Ainhoa Arteta, que por aquellas fechas estaba cantando en el Bolshoi, en la Madre Rusia.

Tolosa, archivo provincial
Tolosa, archivo provincial (38kb)
Tolosa, plaza y Topic
Tolosa, plaza y Topic (25kb)

Breve parada en Anoeta antes de subir a Alkiza.

Anoeta, plaza
Anoeta, plaza (28kb)

El caserío Lete, dedicado al agroturismo, era uno de los dos cromos que me faltaban.
Me quedé sin ver su salón, declarado patrimonio histórico. Al menos, vi a una vecina que vive en la casa de enfrente y que mostró bastante entusiasmo por Lete. Dijo que el salón en cuestión había salido bastantes veces en televisión.
También, vi a un elemento que aparecía en primer plano en la foto que de ese caserío salía en el reportaje de la prensa. El señor don gato no estaba solo. Su señora esposa y una hija andaban cerca, buscando el calor del sol. Muy majos los tres.
Junto a la puerta, unas nueces puestas a secar.
(El caserío Lete se puede ver, por fuera y por dentro, en este vídeo.)

Llegando a Alkiza
Llegando a Alkiza (23kb)
Alkiza, caserío Lete, gatos
Alkiza, caserío Lete, gatos (46kb)
Alkiza, caserío Lete
Alkiza, caserío Lete (33kb)

Mientras merodeaba por la plaza del pueblo sacaron a la chavalería al recreo. Está bien eso de jugar a tus anchas sin miedo al tráfico y con buenas vistas.

Alkiza, mirador
Alkiza, mirador (33kb)
Alkiza, casas
Alkiza, casas (29kb)

Siguiente parada, Zizurkil. Pregunté por el caserío Larrondobuno. Una chica lo señaló cerca, pero aquello no coincidía con lo que decía el pequeño mapa que llevaba. Otro nativo me orientó bien y se refirió al acceso final como "cuestecita". La susodicha opositó con éxito al título de rampón rural del día.
También allí, nueces puestas a secar sobre una mesa.
En vez de bajar y volver por donde había ido, lo hice a pie por donde el hombre me había dicho que andaban los caballos. Efectivamente, hay unas instalaciones preparadas para ellos.

De Alkiza a Zizurkil
De Alkiza a Zizurkil (24kb)
De Alkiza a Zizurkil, yegua
De Alkiza a Zizurkil, yegua (40kb)
Zizurkil, caserío Larrondobuno
Zizurkil, caserío Larrondobuno (22kb)
Zizurkil, caserío Larrondobuno, nueces
Zizurkil, caserío Larrondobuno, nueces (28kb)
Asteasu y caserío Larrondobuno
Asteasu y caserío Larrondobuno (21kb)
Zizurkil
Zizurkil (28kb)

Bajé a Villabona, con su Zubimusu para empezar y el caserío Etxe Ondo para terminar. En medio, el ayuntamiento presidiendo la plaza del Rebote. Es que Villabona es de los pocos pueblos en los que esa modalidad de la pelota aún tiene arraigo.

Villabona, Zubimusu
Villabona, Zubimusu (28kb)
Villabona, plaza del rebote y ayuntamiento
Villabona, plaza del rebote y ayuntamiento (22kb)
Villabona, caserío Etxe-Ondo
Villabona, caserío Etxe-Ondo (53kb)
Villabona, Subijana-etxea
Villabona, Subijana-etxea (23kb)

Otro ascenso, breve, para llegar a Aduna, pueblo pequeño de apacible apariencia según se ve desde el tren.
Ahora tienen frontón.

Aduna, casa Bentaberri e iglesia
Aduna, casa Bentaberri e iglesia (25kb)
Aduna, Torrea
Aduna, Torrea (22kb)

Para encontrar el caserío Apakintza tuve que preguntar a varias personas. Está algo alejado. No vi en él los elementos medievales que se supone conserva, pero me llamaron la atención unas figuras, unas piedras, una fotografía... Se ve que allí vive un tal Iñaki Gorostidi, que en 1983 levantó con una mano una piedra de 185 kilos, con bigote y todo. La piedra estaba allí, bien a la vista, pero no tenía tiempo para comprobar si realmente ese era su peso.
En vez de utilizar una superficie plana, las nueces de turno estaban puestas a secar colgadas en una especie de red.
(Ya en casa, encontré este vídeo de Gorostidi, en el que muestra cómo fabrica -en miniatura y artesalmente- piedras como las que se utilizan para las pruebas de arrastre o como las que levantaba él. También se habla de nuestro hombre en esta página web).

Aduna, caserío Apakintza, piedra de 185 kilos
Aduna, caserío Apakintza, piedra de 185 kilos (38kb)
Aduna, caserío Apakintza
Aduna, caserío Apakintza (23kb)
Aduna, caserío Apakintza, foto de Iñaki Gorostidi
Aduna, caserío Apakintza, foto de Iñaki Gorostidi (29kb)

La llegada a Andoain, precedida por el primer agobio del día con el tráfico a cuenta de los coches que se dirigían a la autovía, estuvo bastante bien, con la casa torre Isturitzaga dando la bienvenida. Lástima que esté abandonada.
Fui viendo lo que hay para ver en la parte baja del pueblo y subí a la zona del ayuntamiento y la iglesia.

Andoain, casa torre Isturitzaga
Andoain, casa torre Isturitzaga (35kb)
Andoain, Leizaur o Jauregi
Andoain, Leizaur o Jauregi (26kb)
Andoain, mural junto al río
Andoain, mural junto al río (26kb)
Andoain, mural en una escalera
Andoain, mural en una escalera (33kb)
Andoain, centro cultural Bastero
Andoain, centro cultural Bastero (20kb)

El monumento al padre Larramendi me dejó como estaba hasta que me fijé en lo de El imposible vencido, título famoso.
En euskomedia.org se dice esto:

Su nombre responde a la creencia general de que el euskera no tenía ni reglas ni gramática. Larramendi acomete su empresa de desentrañar las reglas del idioma vasco para ofrecérselas a sus detractores. Y logra su empeño, saliendo airoso y triunfal, al dar a la imprenta la primera Gramática impresa del vasco, en cierto modo, completa y exacta, incluso haciendo una incursión en las particularidades dialectales del vizcaíno y laburdino. Claro que su Gramática, como todas las de su tiempo, se ajusta a los modelos griegos y latinos: declinaciones y conjugaciones, sintaxis y prosodia. Su obra causó, evidentemente, asombro y sus reales o supuestos enemigos enmudecieron.
Andoain, ayuntamiento e iglesia
Andoain, ayuntamiento e iglesia (20kb)
Andoain, oficina de Turismo
Andoain, oficina de Turismo (36kb)
Andoain, monumento al padre Larramendi
Andoain, monumento al padre Larramendi (23kb)

Junto a la casa Sagarmendi conocí a un hombre que mostró interés en saber qué más cosas tenía pendientes de ver en Andoain. Cerca, un mural que me gustó.
Por este artículo supe después que lo habían inaugurado apenas un año antes.

Andoain, mural
Andoain, mural (31kb)

Kaletxiki estaba patas arriba por obras, pero por donde no pueden pasar los coches pueden hacerlo los peatones y las bicis.
Localizada la casa Berrozpe -en ella nació Juana Josefa Zipitria, la Madre Cándida, canonizada por Benedicto XVI en 2012-, pregunté por Irigoienazpikoa. No tuve éxito, pero la chica a la que intercepté para interrogarla le puso interés al asunto. Maja mujer.
En todo caso, el mapa dejaba claro que tenía que tratarse de un edificio abandonado, en mal estado, que en sus buenos tiempos debió de ser original.

Andoain, casa Berrozpe
Andoain, casa Berrozpe (22kb)
Andoain, casa Irigoienazpikoa
Andoain, casa Irigoienazpikoa (43kb)

La última impresión que me dejó el pueblo fue buena. El parque cultural Martín Ugalde tiene ambiente tranquilo y subí tan a gusto por una escalera que había visto en una fotografía hasta la terraza del edificio blanco de estilo racionalista al que pertenece.

Andoain, parque Martín Ugalde, escalera desde arriba
Andoain, parque Martín Ugalde, escalera desde arriba (33kb)
Andoain, parque Martín Ugalde, edificio blanco
Andoain, parque Martín Ugalde, edificio blanco (29kb)

En Urnieta la cosa empezó bien. La zona en la que se sitúan el ayuntamiento, la iglesia y la plaza de rigor parece un tanto ajena a cuanto sucede en el resto del pueblo. El que hizo el pedazo escudo que preside la fachada de la casa consistorial debió de quedarse bien a gusto.

Urnieta, Salesianos
Urnieta, Salesianos (23kb)
Urnieta
Urnieta (26kb)
Urnieta, ayuntamiento
Urnieta, ayuntamiento (35kb)

A partir de allí pretendía localizar tres caseríos. La pista que conduce al primero de ellos termina junto a un caserío que no sé si era el que buscaba. Media vuelta y a buscar otro, Babilonia. Ese sí lo encontré, pero no vi que tuviera apariencia destacada. Una vecina dijo que dentro de poco ese edificio será historia. Visto lo visto, ni intenté localizar el tercero.

Urnieta, caserío Babilonia
Urnieta, caserío Babilonia (40kb)

La llegada a Hernani por ese lado está precedida por una rotonda grande; lo suficientemente grande, con el suficiente número de carreteras que confluyen en ella y con los suficientes coches como para intimidar al globero más pintado.
No paré mucho, sólo quería ver qué pone bajo el balcón del ayuntamiento. No me fijé bien ni hice foto una vez que estuve, y los del ayuntamiento tampoco se dignaron contestar cuando se lo pregunté por correo electrónico. Pone N. L. e INVICTA.

Hernani, balcón del ayuntamiento
Hernani, balcón del ayuntamiento (37kb)
Hernani, plaza de los Gudaris
Hernani, plaza de los Gudaris (29kb)
Hernani, plaza de los Gudaris, ayuntamiento e iglesia
Hernani, plaza de los Gudaris, ayuntamiento e iglesia (35kb)

Me las prometía felices al poner rumbo a Martutene. Había recorrido ese tramo pocos años antes y lo daba por terreno conocido.
Nada de eso. Cruzado el Urumea, una carretera cortada por obras dio paso a una gira turística por un polígono industrial. Tras un tramo de bidegorri, que perdí al rato no sé cómo, pasé junto al asentamiento de rumanos bajo la AP-8. Ese lugar, con sus numerosas chabolas, fue noticia cuando se creó y, también, con motivo de las inundaciones provocadas por el Urumea tanto en esa zona como más adelante, en Txomin-Enea.

De Astigarraga a Martutene, bidegorri
De Astigarraga a Martutene, bidegorri (50kb)

Recuperado el bidegorri, lo seguí como un corderito por calles y barrios de apariencia nueva. Se ve que Martutene ha crecido.

Volví a tener sensación de que controlaba por dónde andaba al llegar a las cercanías del apeadero de Renfe del citado pueblo. Me llamaron la atención unas escaleras al pie de villa Ceferino, subí por ellas hasta dicho edificio y me acerqué a la entrada de la villa Arkaitz Artekoa. El nombre de la calle decía Camino de Barkaiztegi. Ni idea de que estaba por allí, pero era una de las cosas que tenía como objetivo en Martutene. Uno de los artículos de la desaparecida serie San Sebastián insólito, del Diario Vasco, contaba cosas interesantes sobre lo que hubo hace cosa de un siglo en unos terrenos cercanos.
Como eso lo leí hace tiempo y las notas que tomé en su momento eran breves, tras identificar los curiosos asientos tallados en la roca junto a Arkaitz Artekoa, eché a andar sin tener muy claro lo que había más adelante.
Apareció un gran edificio abandonado y con aspecto de haber sido escuela, convento o algo por el estilo, así como los arcos que parecen sostener el terreno sobre el que se asienta la propia villa Arkaitz Artekoa, pero que no deben de ser los que menciona el artículo.
Me pareció todo misteriosísimo.

Martutene, escalera junto a la Villa Ceferino
Martutene, escalera junto a la Villa Ceferino (34kb)
Martutene, asientos en el Camino de Barkaiztegi
Martutene, asientos en el Camino de Barkaiztegi (61kb)
Martutene, Camino de Barkaiztegi
Martutene, Camino de Barkaiztegi (50kb)
Martutene, edificio abandonado
Martutene, edificio abandonado (31kb)
Martutene, arcos
Martutene, arcos (40kb)

(Una relectura a posteriori y la búsqueda de más información me dejaron claro que el edificio abandonado fue de los Agustinos y luego funcionó como Instituto Politécnico; más recientemente, albergó a unos okupas.)

Luego me tocó preguntar por el bar Trinkete, como referencia para localizar los ventanales de la desaparecida plaza de toros de Martutene, tal y como dice el artículo.
No tuve éxito.
Tras un rato sin saber qué hacer, dudando entre invertir el tiempo que fuera necesario para aclarar aquello o continuar adelante, dejándolo para otra ocasión, elegí lo segundo. Lo de subir a San Marcial se había diluido hacía rato, pero tampoco quería recortar mucho más el plan inicial.

Cuesta imaginar que Martutene fuera lo que fue durante un tiempo. La diversión, el glamour, pasaron y apenas quedan indicios físicos de lo que hubo.
Tendré que volver.

En Loiola arranca el camino de Uba, suave subida en preciosa carretera al parque de Ametzagaña, según explica otra página -en este caso sobre un recorrido por los bidegorris de Donosti- que cita un santuario, un mirador y los restos de un fuerte carlista.
Lo de suave subida se cumplió; lo de preciosa carretera, también.
En una curva, apareció la entrada a una propiedad privada con un aspecto de lo más sugerente, un parque espectacular.

Ametzagaña, propiedad particular
Ametzagaña, propiedad particular (56kb)

El santuario, que había imaginado sencillo, en plan capilla o pequeña ermita, resultó formar parte de un complejo de edificios.
Al llegar a la entrada sur del parque hizo su aparición un edificio moderno, el Green Nest Hostel San Sebastian, ese es el nombre oficial del albergue donostiarra. Me enteré por la tele de su inauguración (eso fue en 2012). No sabía que está allí.

Uba, albergue
Uba, albergue (45kb)

Entré en el parque, tiré hacia la izquierda y llegué al mirador. La bruma ocultaba buena parte de lo que desde allí se puede contemplar.

Vistas desde el mirador de Uba
Vistas desde el mirador de Uba (16kb)

Dejé la bici y subí a las ruinas del fuerte. Me gustó ese lugar y el camino que conduce a él. La impresión que me causó en conjunto el parque de Ametzagaña y el camino de Uba fue muy buena.

Uba, ruinas de fuerte carlista
Uba, ruinas de fuerte carlista (61kb)
Uba, del fuerte carlista al mirador
Uba, del fuerte carlista al mirador (57kb)
Uba, santuario
Uba, santuario (30kb)

De nuevo abajo, volví a cruzar el puente de Espartxo, en Txomin-Enea, puente que por ser un tapón hidráulico en época de inundaciones, en breve será demolido y sustituido por otro nuevo y me vi otra vez inmerso en el entorno de calles, edificios, tráfico y bidegorris salvadores.

Pasando por Loiola por el bidegorri junto al Urumea, me dieron ganas de volver en otra ocasión también a ese barrio para recorrerlo con calma.

Quería atravesar el barrio de Riberas para poder declararlo inaugurado. Hecho lo cual, otro rato -corto- de agobio en Anoeta, en los alrededores del estadio, antes de coger el camino de Elkano para llegar a Zorroaga. Ese medio kilómetro se llevó el premio al rampón urbano del día.
Lo de Zorroaga era un asunto pendiente desde hace mucho tiempo -más de 40 años...-. Bueno, ya estaba allí. Junto a la iglesia de aire catedralicio está la sede de la prestigiosa Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Zorroaga, iglesia y sede de la Sociedad de Ciencias Aranzadi
Zorroaga, iglesia y sede de la Sociedad de Ciencias Aranzadi (22kb)

Paseo de Errondo adelante, pregunté a un bicicletero por el tramo de bidegorri que atraviesa el túnel de Morlans a Lugaritz y me presenté ante su entrada.
Anda que no tenía ganas de recorrerlo.
Algo más de un kilómetro con un toque relajante -así me lo pareció.

Morlans
Morlans (25kb)
Morlans, acceso al bidegorri de Lugaritz
Morlans, acceso al bidegorri de Lugaritz (46kb)
Morlans, bidegorri de Lugaritz
Morlans, bidegorri de Lugaritz (17kb)

Al otro lado, más calles desconocidas hasta alcanzar la zona de las universidades.
Para esas alturas, ya había interiorizado que los que diseñaron los bordillos de los bidegorris en los cruces con otras calles no pensaron en los que tenemos bicicletas con ruedas finas.

A cambio, el otoño había sembrado de hojas -tampoco muchas, las justas- los bidegorris y estaban muy chulos, por lo menos los que discurren junto a especies caducifolias, obviamente.

Antiguo, bidegorri
Antiguo, bidegorri (60kb)

No contaba con pasar junto a la nueva sede de Musikene, así que me hizo ilusión verla.

Antiguo, sede de Musikene
Antiguo, sede de Musikene (32kb)

En Ondarreta volví a sentirme en terreno seguro.
Como durante 2016 Donosti ejerce de capital cultural europea -comparte honores con la ciudad polaca de Wroclaw-, a lo largo del año se van sucediendo actividades y eventos para celebrarlo. Así, en los jardines de Ondarreta había una instalación de Maider López con una serie de fuentes como protagonistas. Las pobres habían sido retiradas en su momento de la circulación, pero habían recuperado -al menos temporalmente- su utilidad con motivo de esa exposición. Cogí agua de una de ellas.

Ondarreta, instalación de Maider López con fuentes retiradas
Ondarreta, instalación de Maider López con fuentes retiradas (17kb)

Circular por el bidegorri del paseo de La Concha en plan tranquilo, mirando de vez en cuando a la bahía, es un regalo para los sentidos.
El día se había nublado hacía tiempo y la bruma se había echado encima de Urgull. Puede que para algún turista esa imagen brumosa suponga una decepción; pero a mí es algo que me gusta mucho.
La marea estaba baja y había poca gente en la playa.

Isla de Santa Clara y Urgull desde Ondarreta
Isla de Santa Clara y Urgull desde Ondarreta (15kb)
Túnel entre Ondarreta y La Concha
Túnel entre Ondarreta y La Concha (26kb)
Igeldo e isla de Santa Clara desde el paseo de La Concha
Igeldo e isla de Santa Clara desde el paseo de La Concha (12kb)

Los donostiarras, ¿valoran la ciudad que tienen como puede hacerlo el que va de vez en cuando y mira todo ignorando las pequeñas -y las grandes- miserias locales que hay en todas partes?
¿Son realmente pijos los nativos? ¿Es San Sebastián una ciudad ñoña? No tengo ni idea, sólo sé que disfruto cuando voy.

Si me hubiera acordado de echar un vistazo al pequeño mapa que llevaba de los bidegorris de la ciudad me habría dado cuenta de que la avenida de la Libertad no cuenta con uno que la recorra en su totalidad y no se me habría quedado cara de pardillo cuando se acabó el que había cogido.
Para entonces había obviado una serie de cosas que tenía apuntadas para ver en el centro. De hecho, incluso peligraba el objetivo de llegar a ver el último caserío, el de Oiartzun.
Escapé hacia el Boulevard, crucé el puente del Kursaal y metí la pata al ir hacia el de Santa Catalina en lugar de continuar hacia Sagüés.
Total, que acabé en medio de Gros, a donde me condujo un bidegorri que aparentemente terminaba por allí.
La luz era cada vez más escasa. El cielo cubierto y la bruma quedan muy bien para según qué cosas; para otras no son lo más recomendable.
Y la hora era la que era, las 18h.

Abandoné.
La experiencia es un grado y me di cuenta a tiempo de que, en caso de seguir adelante, lo iba a hacer con prisas, de mala manera y sin garantías de llegar al caserío Ierobi Haundi con luz natural.
Me tocó la moral malamente dejar pendiente para el año siguiente la obtención del último cromo de la colección, pero no tenía mucha alternativa y, además, el cambio de planes me ahorraba el mal rato que me habría llevado en caso de haber seguido adelante.

Si hubiera tenido una varita mágica, habría hecho desaparecer la bici, me habría vestido de civil y me habría plantado en Urgull dispuesto a recorrer sus senderos mientras la luz lo permitiera.

Por alguna extraña razón, saqué del bolsillo el plano general de la excursión. Plano cutre y chapucero, hecho a mano -a diferencia de los que tenía de los pueblos, de los que había impreso las zonas que me interesaban-. Ni siquiera había marcado la ubicación de San Sebastián (tampoco hacía falta).
El caso es que Oiartzun parecía tentadoramente cerca...
Salí disparado en cuanto se puso verde un semáforo y empecé a subir la avenida de Ategorrieta con cara de velocidad.

Es lo que pasa cuando hay claridad de ideas, criterios bien definidos, coherencia a la hora de tomar decisiones... y un par de cables dispuestos a cruzarse en el momento menos pensado.
Nada grave, en todo caso, comparado con el show del hombre con maleta tipo trolley que se puso a cruzar la avenida tras bajar de un autobús despreciando el tráfico. O no estaba en sus cabales o se creía inmortal. No provocó un accidente por poco; pero sí frenazos y bocinazos que le hicieron girar la cabeza cuando llegó a la acera opuesta, como si no entendiera que él tuviera algo que ver con aquello.

Que Oiartzun estaba cerca era cierto, al menos en cuanto a distancia se refiere. Ahora bien, la velocidad a la que me fui acercando no fue la deseada.
Tras perder unos minutos preguntando si me había pasado el apeadero de Ategorrieta (ni eso era capaz de recordar), cogí el bidegorri que discurre a partir del mismo y me topé con una cantidad considerable de paseantes y una flota de sillas de ruedas que parecían dar a entender que hay una residencia cerca.
Evidentemente, era un bidegorri en el que los peatones tienen prioridad.

Las prisas no me impidieron apreciar que ese paseo está muy bien. De hecho, es el comienzo de un largo tramo, incluyendo una zona más amplia, en plan parque, que es como para volver en mejor ocasión para recorrerlo a pie. Ni idea de que había algo así a escasos metros de la avenida de Ategorrieta y de su continuación.

Pasando por Herrera, al sirimiri le dio por sumarse a la fiesta; pero en plan bien, muy suave. Estuvo un rato y se fue.

Pasaia desde Herrera
Pasaia desde Herrera (24kb)

El de Antxo era el único de los cuatro barrios pasaitarras por el que no había pasado en bici. Era, porque fue el siguiente hito, antes de entrar en Rentería.

Pasai Antxo
Pasai Antxo (25kb)

El bidegorri avanzó por este último pueblo, pasó cerca de la estación de Renfe y continuó adelante, alternando tramos compartidos con peatones con otros de uso exclusivo para bicicletas -pero en los que no puede faltar el típico caminante, ya sea despistado o fantasma.

Ya en terrenos de Oiartzun vi que había tardado más de lo esperado desde Gros. Mi proverbial sentido común y mi no menos proverbial sensatez me aconsejaron renunciar, dar media vuelta y dirigirme a la estación de Rentería.
En pleno caos mental, pregunté a una paseante por la ubicación del barrio de Iturriotz. Se quedó pensativa, pero se le ocurrió recurrir al móvil. La tecnología dijo que estaba un poco más adelante y a la derecha. Muy bien por la chica.
Por el primer desvío a la derecha llegué al caserío Makutso, que conocía de otra excursión. Junto al caserío, un coche; sobre el coche, un gato.

Oiartzun, barrio Iturriotz, caserío Makutso
Oiartzun, barrio Iturriotz, caserío Makutso (23kb)

Otra chica interceptada, a la que le sonaba un caserío Ierobi como a un kilómetro -como una pedrada me sentó-, poco antes de una gasolinera.
Estaba todavía con ella cuando pasó otra, pero peor informada y que huyó enseguida. La chica sugirió que preguntara a un par de señores mayores con los que acababa de estar ella.
Eso habría sido lo más prudente, pero la hora (y la luz menguante) ya me tenía de los nervios y cogí la carretera indicada, la GI-3631, en dirección a la gasolinera.
Enseguida, un edificio con pinta interesante (era el famoso restaurante Zuberoa, de Hilario Arbelaitz), pero no era momento de parar.
Ese kilómetro fue lo peor del día. El frenazo del todoterreno cuyo conductor seguramente no vio la luz roja intermitente trasera de la bici, sumado al coche que me adelantó cuando acababa de señalizar con el brazo que me iba a salir de la carretera por la izquierda, más la inexistencia de arcén... Para olvidar.

Lo de salirme por la izquierda era porque había visto a distancia la gasolinera y el caserío que había antes de llegar a ella no era Ierobi Haundi; pero había dos señores mayores sentados tan felices en un pretil a escasos centímetros -no habría ni medio metro- del asfalto. Estaban tan tranquilos que se me pasó parte del susto.
La chica me había informado bien, pues hay un Ierobi Txiki antes de la gasolinera y otro, Haundi, a continuación de la misma.

Allí estaba, sí. Por fin.
Un perro ladrador -luego nos hicimos amigos- y un tipo con un pañuelo en la cabeza al estilo pirata me dieron la bienvenida. El pirata me señaló al dueño, que estaba atareado con unas manzanas que tenía como en remojo en lo que parecía una especie de gran charco de agua. El dueño no tenía noticia de que su caserío hubiera salido en el reportaje de hace año y medio. El dueño no tuvo inconveniente en que el globero hiciera unas fotos del caserío. El dueño siguió con sus manzanas.

Oiartzun, barrio Iturriotz, caserío Ierobi Haundi
Oiartzun, barrio Iturriotz, caserío Ierobi Haundi (30kb)
Oiartzun, caserío Ierobi Haundi, procesando manzanas
Oiartzun, caserío Ierobi Haundi, procesando manzanas (35kb)

Hechas las fotos -no se me habían pasado del todo los nervios, pero tampoco se había ido del todo la luz, así que no me quejo-, le comenté al pirata que había echado de menos algo más de espacio delante del caserío para que se hubiera visto mejor su fachada.
El pirata confirmó que lo de las manzanas era para hacer sidra. Algo habían dicho en ese sentido los dos hombres del pretil, del mismo modo que habían contestado afirmativamente a la pregunta de si podía volver al bidegorri desde cerca del caserío de marras. Casi me paso el desvío, pero vi a tiempo el puente anunciado y recuperé la seguridad del bidegorri.

El sirimiri había vuelto y se quedó hasta el final en el mismo plan suave que antes.

Volví a Rentería con precaución de no llevarme por delante a ningún peatón -me temo que acabé metido por un momento en un tramo de uso exclusivo de peatones...-, llegué a la estación con tiempo de sacar el billete sin prisas y aguardé la llegada del tren con la impresión de que la última hora y media de excursión no había resultado tan traumática -sustos aparte- como temía al salir de Gros.

La colección quedaba completa.
Los veinte magníficos, en el orden en que aparecían en el reportaje:

Bizkaia:

  1. Landetxo Goikoa (Mungia)
  2. Oteiza Murueta (Abadiño)
  3. Isuntza Goikoa (Berriz)
  4. Lekoia Bekoa (Berriatua)
  5. Omagoieazkoa (Kortezubi)
  6. Ozollo (Gautegiz Arteaga)

Álava:

  1. Izaga (Okondo)
  2. Goikoetxea (Llodio)
  3. Bideko (Amurrio)
  4. Sagasti (Markina)
  5. Casa Maribel (Aprikano)
  6. Montemayor (Zalduondo)
  7. Iruaritz (Amurrio)

Gipuzkoa:

  1. Amuskibar (Bergara)
  2. Ondarre (Segura)
  3. Igartubeiti (Ezkio)
  4. Baztarretxe (Berastegi)
  5. Lete (Alkiza)
  6. Larrañaga (Azpeitia)
  7. Ierobi Haundi (Oiartzun)

Esos veinte eran una selección de los 101 incluidos en el trabajo elaborado por el profesor Alberto Santana (y su equipo, pues el informe de algún/os caserío/s no lo hizo él sino colaboradores suyos).

Si tuviera que elegir sólo uno ateniéndome únicamente a su aspecto y a su localización/entorno, excluyendo historias paralelas (personas conocidas al visitarlos, anécdotas varias, etc.) me quedaría sin duda con Ozollo.

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