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Vitoria - Murgia - Orduña - Villanañe - Salinas - Vitoria
12-07-2014
(mapa)
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Excursión por carreteras y paisajes ya conocidos de otras veces, pero que se presta a añadidos varios.
La mayoría de estos últimos ya habían ido cayendo en el saco en las ocasiones precedentes, pero quedaba alguno importante, objeto de visita esta vez.

Por de pronto, tomé precauciones para evitar pájaras a base de ir comiendo con cierta regularidad.

De Etxabarri-Ibiña a Berrikano
De Etxabarri-Ibiña a Berrikano (24kb)
Manurga, junto a la iglesia
Manurga, junto a la iglesia (45kb)
Manurga, junto a la iglesia
Manurga, junto a la iglesia (51kb)
Manurga, casa
Manurga, casa (34kb)
Zarate
Zarate (17kb)

En las cercanías de Murgia, localicé la Casa del Alto, en la localidad de Bitoriano.
Sí, está en un pequeño alto.

Murgia, villa
Murgia, villa (38kb)
Murgia, Casa del Alto
Murgia, Casa del Alto (33kb)
Murgia, instituto de educación secundaria
Murgia, instituto de educación secundaria (28kb)
De Murgia a Izarra, scouts
De Murgia a Izarra, scouts (26kb)

Llegando a Izarra me recibió el sirimiri, que no fue a más.
Pregunté por el tejo de doña Lola, catalogado como árbol singular y al que me acerqué lo que me dejaron las zarzas.

Izarra
Izarra (25kb)
Izarra, tejo de Doña Lola
Izarra, tejo de Doña Lola (57kb)

Salí del pueblo con intención de ir a curiosear a lo que queda del que fue Colegio Internacional, abandonado hace años y víctima de un incendio unas semanas atrás. Me quedé con las ganas, porque el acceso está entre el punto en el que había abandonado la A-2521 para ir a Izarra y el punto en que retomé dicha carretera.
Mucho me temo que esas instalaciones se han deteriorado bastante desde la única vez que estuve en ellas, hace un par de décadas.
Las fotografías de esta página dan una idea de su estado actual.

De Gujuli a La Barrerilla
De Gujuli a La Barrerilla (19kb)
Vistas desde el puerto de La Barrerilla
Vistas desde el puerto de La Barrerilla (20kb)

Me puse el chubasquero para bajar La Barrerilla y paré un momento en Orduña para quitármelo y para terminar el bocadillo antes de afrontar el ascenso al puerto de Orduña.
Unos días antes lo había pasado fatal en La Herrera, peor que nunca.
Escarmentado con el tema de la alimentación, subí Orduña mejor que nunca. Hasta disfruté por momentos. Algo o bastante ayudó que el cielo se mantuviera nublado.

Cogí agua en Berberana, donde me acerqué lo que pude a su torre, y espabilé para poder llegar a Villanañe a la hora que tenía prevista, las cuatro de la tarde.

Berberana, torre y río
Berberana, torre y río (35kb)

De camino, tras pasar por un tramo que no conocía, de Fresneda a Angosto, pregunté en este último lugar por la ubicación de la encina juradera. Me dijeron un poco a bulto dónde está ("al otro lado de la carretera") y continué para llegar puntual a la Torre-palacio de los Varona, en Villanañe.

Llegando a Caranca
Llegando a Caranca (22kb)
Villanañe, torre de los Varona
Villanañe, torre de los Varona (23kb)
Villanañe, vistas desde la torre de los Varona
Villanañe, vistas desde la torre de los Varona (28kb)

La había visto por fuera varias veces, pero no me animé a entrar hasta que me lo recomendaron tras haber visto este programa.
Unas vistas aéreas de la torre, desde una avioneta.

Como el horario de verano (julio y agosto) por la tarde es de 16 a 19 y la última visita empieza una hora antes del cierre, procuré entrar en el primer pase.
La entrada cuesta 3 euros y se supone que la visita dura unos 50 minutos.
Según se entra, en el suelo se ve una estrella de 12 puntas que tiene el mismo diámetro que la campana mayor de la catedral de Toledo.
Tras dejarnos un rato viendo una exposición sobre casas-torre y otra sobre aspectos tradicionales de la vida en la zona -todo ello en la planta baja-, don Rodrigo Varona se puso al frente de las seis personas que formábamos el grupo de turno para guiarnos por las dependencias de su torre-palacio.

Lo de Rodrigo como nombre de pila no es casualidad. Todos los varones de la familia se han llamado así, con algún otro nombre de acompañamiento para distinguirlos.
La familia ha habitado ese palacio de forma ininterrumpida, durante decenas de generaciones, desde hace siglos.
Lo de "Varona" proviene de una leyenda cuyo origen está explicado en esta página de la web del municipio.
Lo malo es que el actual Rodrigo no tiene hijos. Tiene dos sobrinas, pero no es lo mismo. Es el último mohicano.

El lugar en que se encuentra la torre era estratégico, por allí pasaban varias rutas importantes, como la de la Lana o el Camino de Santiago. Hubo aduana, que luego pasó a Vitoria y a Orduña.
En el pueblo hubo muchas iglesias.

El interior de la torre en sí -con las paredes revestidas y una escalera de metal y madera- no tiene mayor interés, más allá de las interesantes explicaciones del guía y las vistas.
Tras explicar la diferencia entre aspilleras y almenas, aclaró que las primeras se utilizaban para mirar al exterior sin peligro, no para disparar.

Luego se pasa a la parte del palacio.

Las torres y castillos con paredes interiores de piedra sólo existen en las películas; en realidad, los muros interiores se cubrían para mejorar la habitabilidad; en las casas pudientes se utilizaba el estuco.
Algunas ventanas tienen alabastro, para quitar la humedad.
Hay una zona dedicada a la alfarería. Las piezas amarillas lo eran por haberse empleado menos cobalto del habitual en su elaboración, y todo porque ese mineral se suele (o solía) utilizar para fabricar armas, lo que da a entender que las piezas en cuestión habían sido creadas en época de guerra.
En otra estancia hay una colección de arcones o kutxas de madera.

Prudencio María Verástegui introdujo el cultivo de la patata, que al principio se utilizaba con fines ornamentales.
Consta que en 1817 se comía tortilla de patata en el palacio. Al parecer, en varios sitios se atribuyen la invención de ese plato, pero en todos los casos con posterioridad a esa fecha.

Más cosas, como una serie de grabados de los once mejores grabadores italianos de no recuerdo qué siglo, representando la vida de Pío V.
O un Santo Cristo de Lepanto. Hay dos más con esa denominación: a uno se le perdió la pista y el otro está en la catedral de Barcelona.
O la concha con la que se bautiza a los Varona.
Se conserva un cazo de madera para la ración de sopa boba para los peregrinos, así como una sartén para huevos con puntilla (la sartén tiene varios huecos individuales).
Hay un reloj inglés de un modelo del que sólo se hicieron 80 unidades.
En un dormitorio, hay un par de camas de hierro. La gente les tenía miedo por creer que atraían las tormentas.
Los avances técnicos llegaban enseguida al palacio, donde hay un altavoz de baquelita que no lo tiene ni en su museo la empresa que lo creó.
La casa Philips suministraba bombillas con el nombre de Varona.
Fue el segundo lugar de España en disponer de luz eléctrica.
El suelo de una sala es de madera de roble, con la particularidad de que los tablones muestran vetas de color alternas (o algo así), lo que sucede con uno de cada millón de robles.
Dos de las salas tienen categoría de monumento.

Alguno de los papeles pintados es único en el mundo. Fueron necesarias de 4.500 a 5.000 planchas para realizarlo.
Un experto creaba un metro de papel pintado al día, cuyo precio equivalía al salario de seis años de trabajo de un obrero (esto no sé si lo entendí bien, porque parece exagerado).
El papel pintado de una sala representa una escena de caza de un estilo del que sólo hay ocho en el mundo.
En el palacio hay más de medio kilómetro de papel pintado.
También, muebles tapizados con crin de caballo, moda que importaron a Europa los ingleses tras verlo en Jaipur (India).

Además, vajillas, muebles, relojes, un piano... y un montón de cosas más, cada una con su historia.

Esa torre-palacio está considerada como uno de los cinco edificios de mayor interés del País Vasco, además de ser calificada por la historiadora Micaela Portilla como "el conjunto fortificado mejor conservado de Álava".
Lo mejor es que el que quiera vaya y lo vea in situ. Vale la pena.
En todo caso, conviene tener en cuenta que los 50 minutos inicialmente previstos se pueden convertir en hora y cuarto, como ocurrió aquel día. A mí se me hizo corto, pero no creo que pensaran lo mismo los que estaban esperando para el turno siguiente.

Villanañe, torre de los Varona
Villanañe, torre de los Varona (26kb)
Villanañe, torre de los Varona
Villanañe, torre de los Varona (25kb)

Mientras iba asimilando lo que acababa de ver, regresé a Angosto en busca de la encina juradera. No me aclaré y volví a preguntar, esta vez a dos mujeres en las que no me había fijado al pasar antes, pero ellas sí habían tomado nota de mi paso. El caso es que me pusieron en el buen camino y vi la encina. Alguien ha tachado lo de "juradera" y ha escrito un "falso" en uno de los letreritos que señalan en su dirección.

Angosto, encina juradera
Angosto, encina juradera (57kb)
Angosto, senda hacia la ermita juradera
Angosto, senda hacia la ermita juradera (60kb)

La siguiente parada era Tuesta, donde siempre que había estado, ya fuera en bici o en coche, había visto a Isidoro Sarralde, todo un personaje. Esta vez no lo encontré ni en las cercanías de la iglesia ni junto a su casa.
Murió hace dos años.
La vecina que me lo dijo, de 84 años y con un marido de 89, añadió que "estamos de paso".

Tuesta, iglesia
Tuesta, iglesia (43kb)

Llegué a Salinas de Añana rumiando la mala noticia.

De Tuesta a Salinas de Añana
De Tuesta a Salinas de Añana (21kb)

Había gente, bastante.
Se celebraba la Feria de la Sal, que incluía un espectáculo de luz y sonido ("La Memoria del Valle Salado") en las salinas.
Por lo visto, lo hacen cada segundo fin de semana de Julio.
A las 19h empezaba una visita guiada gratuita al pueblo. Hacia esa hora reinicié la marcha.

Salinas de Añana, gradas en las salinas
Salinas de Añana, gradas en las salinas (45kb)
Salinas de Añana, fiesta
Salinas de Añana, fiesta (39kb)
Salinas de Añana, casa de los Ozpinas
Salinas de Añana, casa de los Ozpinas (32kb)

En Nanclares de la Oca pregunté a propios y extraños por unas excavaciones recientes en Zaballa, pero no sabían situarlas, aunque varios sí habían oído hablar de ellas.

Poco después, pretendí fotografiar el puente Momario, que tuvo su protagonismo en la Batalla de Vitoria, pero me quedé con las ganas de verlo a distancia y me tuve que conformar con cruzarlo en un sentido y en otro, sobre todo después de que un nativo en bicicleta me confirmara que se trataba de él.

Mendoza, puente Momario
Mendoza, puente Momario (29kb)
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