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Itsasu

Cambo - Bayona - Cambo

07-10-2012
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La idea inicial de esta salida era la de ir cortando algunos flecos que me habían quedado pendientes tras diversas excursiones anteriores, en especial una que llevé a cabo a primeros de julio y en la que acabé pidiendo la hora, perseguido por la noche.
Para cuando terminé de confeccionar la lista de supuestos flecos, me vi ante una situación de sobra conocida: la de tener por delante muchas cosas para ver, con la incertidumbre de si me daría tiempo a visitar todo lo que pretendía.

Por de pronto, me dirigí, todavía con el coche, al aeródromo de Itsasu, en el monte Urzumu, donde esperaba localizar un par de cosas. Tras un corto trayecto, que incluye un par de rampas de las que obligan al cicloturista a ver la vida con filosofía y que al conductor le dan igual, aparqué junto al monumento al piloto Hiribarne. El hombre no sólo fue un fenómeno como aviador, hasta que fue derribado en combate en Argelia, sino que fue también campeón de pelota.
Sin embargo, el encuentro del monumento me dejó algo decepcionado, pues esperaba encontrar también una cruz con una serie de símbolos extraños que había visto en una página web.

Itsasu, monumento a Hiribarne
Itsasu, monumento a Hiribarne (32kb)
Itsasu, Artzamendi y Mondarrain desde el aeródromo
Itsasu, Artzamendi y Mondarrain desde el aeródromo (21kb)

En las instalaciones del club que gestiona el uso del aeródromo no había nadie, pero sí andaba gente paseando y una pareja de senderistas mayores me puso en la pista buena al señalarme a distancia lo que a primera vista no acertaba a saber de qué se trataba. Efectivamente, era la cruz que buscaba, la de Haroztegi, que viene a ser una columna coronada por una figura de la Virgen con el Niño en brazos. La cara de la Virgen me pareció tranquilizadora a más no poder. Si a eso le añadimos el paisaje, al visitante primerizo no le queda más remedio que sentarse en el banco que oportunamente han colocado junto a la cruz y quedarse un rato en estado contemplativo.

Itsasu, cruz de Haroztegi
Itsasu, cruz de Haroztegi (15kb)
Itsasu, cruz de Haroztegi, inscripciones
Itsasu, cruz de Haroztegi, inscripciones (28kb)
Itsasu, cruz de Haroztegi, inscripciones
Itsasu, cruz de Haroztegi, inscripciones (29kb)
Itsasu, mesa de orientación y cruz de Haroztegi
Itsasu, mesa de orientación y cruz de Haroztegi (22kb)

Antes de abandonar Itsasu, pregunté por un par de casas. El empleado de una panadería salió a la calle y me orientó perfectamente para localizar ambas. Qué majo. Así, me presenté en Larrondo, una de las cuatro casas más antiguas del pueblo. La mujer con la que hablé dijo ser de Elizondo (en Baztan), lo que, para el caso, daba igual, pues tanto su pueblo natal como Itsasu pertenecen a Navarra (Navarra, Baja Navarra... lo mismo da que da lo mismo).
Es que los vascos continentales viven "lo vasco" con mucha más naturalidad que los peninsulares, sin tanta tontería y cara de velocidad (crispación lo llaman).
Me habló de alguna otra casa, también de las más antiguas de Itsasu, y me confirmó los datos del panadero para encontrar Zubeleta, adonde llegué al cabo de unos minutos. Esa casa funciona como casa rural y una de las dueñas me habló de su antigüedad, así como de la de un edificio que queda al lado, aunque de apariencia más modesta.

Itsasu, casa Larrondo
Itsasu, casa Larrondo (27kb)
Itsasu, casa Zubeleta
Itsasu, casa Zubeleta (21kb)
Itsasu, casa Zubeleta
Itsasu, casa Zubeleta (30kb)

Acto seguido, puse rumbo a Cambo-les-Bains, lugar al que tenía que ir precisamente ese día por ser el de la celebración anual de la Fiesta del Pastel Vasco. Mientras buscaba aparcamiento, pasé junto a la iglesia y vi que se encaminaban hacia ella los miembros de las cofradías, vestidos para la ocasión.
Renegué algo mientras aparcaba algo lejos y volvía a paso ligero, pero para cuando llegué a la iglesia aún no habían terminado de entrar todos los cofrades. Allí andaban, por ejemplo, los de la Orden de los Corsarios Vascos, llegados desde San Juan de Luz y Ziburu.

Cambo, cofrades del pastel vasco camino de la iglesia
Cambo, cofrades del pastel vasco camino de la iglesia (51kb)

Subí a la galería de madera de la iglesia para ver cómo iba la cosa, pero no había mucho que ver, la galería estaba llena de gente y los cofrades iban tomando asiento para asistir a la misa que iba a tener lugar a continuación.

Pregunté en la oficina de turismo por la casa Hirigoina, pero la chica no me supo dar razón de ella. Al menos, me dio un plano y marcó en él la ubicación del pequeño puente romano. Pregunté a varias personas más por la casa en cuestión y me quedé como estaba. Ese edificio tiene como curiosidad tres cruces en el tejado. La gracia está en que un arquitecto se inspiró en ese detalle para imitarlo en una casa que se encuentra en el paseo Ramón María Lilí de San Sebastián, y que ya vi en su momento (está frente al hotel María Cristina, en la otra orilla del Urumea).

Bas Cambo desde la iglesia
Bas Cambo desde la iglesia (20kb)

Volví al coche tras hacer acopio de pastel vasco, como era preceptivo.

Debidamente uniformado, comencé a pedalear mirando con cierta desconfianza a unas nubes que asomaban amenazadoras.
Antes de dejar el casco urbano, volví a la carga con lo de la casa preguntando a dos mujeres a las que identifiqué un poco tarde, cuando ya estaba haciendo la pregunta, como Testigos de Jehová. Y sí, lo eran, tal y como comprobé por el folletito que me dieron (en español); pero tampoco me solucionaron lo de la casa.

Bajé al barrio de Bas Cambo, en cuya estación de tren paré un momento, y me puse a buscar el puente romano, que encontré tras preguntar en un cámping. La marca que había hecho en el plano la de turismo no quedaba lejos del punto exacto, pero vaya.

Bas Cambo, casa
Bas Cambo, casa (31kb)
Bas Cambo, puente romano
Bas Cambo, puente romano (42kb)

En el barrio Elizabide de Larresoro comencé a preguntar por la casa Uhalde Handia, que había buscado infructuosamente en julio y que resultó ser, tal y como había sospechado, un edificio en el que entonces me fijé y fotografié, por si acaso. La muerte en el río de una niña de esa casa, en no sé qué época, propició la construcción de una ermita que está cerca y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en la iglesia del pueblo.

Halsou, casa Uhalde Handia
Halsou, casa Uhalde Handia (34kb)

Como me pillaba de paso, otra breve parada en el antiguo seminario (antiguo hospital militar, antiguo hospital psiquiátrico...) de Larresoro, hoy reconvertido en viviendas.
Y a buscar el château de Saint-Martin. Me imaginaba que ocurriría como con Uhalde Handia y que sería una casa en la que también me fijé en julio, pero quería confirmarlo. Anduve merodeando, buscando a quien preguntar, hasta que vi que había alguien en el interior de la finca en la que se halla el château. Me fijé mejor y... sí, aquello eran dos tiendas de campaña en torno a las cuales andaban lo que parecían unas adolescentes. Aproveché que una me miró para entrar. Se acercaron dos de ellas y resultaron ser scouts. No tenían ni idea de lo del château, pero llamaron a una tercera, a la que tampoco le sonaba lo que le preguntaba, pero sí dijo que aquello fue una casa fuerte. Pues ya está, aquello tenía que ser. Por si acaso, le eché el alto a un coche que apareció por una carretera secundaria, el conductor dio el visto bueno y asunto cerrado.

Larresoro, château Saint-Martin
Larresoro, château Saint-Martin (24kb)

La otra vez había asociado alegremente la casa Pelerenea con el tema jacobeo (pelerin = peregrino), así que di por hecho que esa casa y la llamada Ospitalenea eran la misma. Pues no. Un señor mayor y que se defendía en español me sacó de mi error y me dijo que Ospitalenea queda a un par de kilómetros. En Pelerenea, edificio que funciona como Casa de Cultura, hay duchas. De haberlo sabido habría llevado los útiles para haber vuelto a casa ya limpio.

Larresoro, casa Pelerenea
Larresoro, casa Pelerenea (33kb)

Entre idas y venidas había pasado el tiempo, así que dejé para otro día Ospitalenea y continué hacia Ustaritz, que seguía con la calle principal patas arriba.
Un par de fotos a la casa Mokopeita y un par de preguntas acerca de la llamada Xokolatenea, que no encontraron respuesta adecuada, como tampoco la tuvieron las que formulé algo más adelante al tratar de averiguar el nombre de una casa grande de la calle Hiribere. Me aposté junto a su entrada a la espera de que pasara algún ciudadano al que preguntar, cosa que no sucedió. El que pasó, más bien salió, fue el perro de la casa. No era peligroso ni agresivo, pero sí bastante pesado. Tras un par de salidas, con abundancia de ladridos, y otras tantas retiradas al interior de la finca ante mi amago de embestirlo con la bici, a la siguiente me pilló preparado, le hice el amago cuando venía a todo correr, derrapó como un desesperado con las cuatro patas y volvió adentro.

Ustaritz, casa Mokopeita
Ustaritz, casa Mokopeita (29kb)
Ustaritz, calle Ferrondoa
Ustaritz, calle Ferrondoa (34kb)

Como seguía sin pasar nadie, continué ruta. Una vez más, disfruté con el bidegorri que se dirige a Bayona, aunque lo dejé a la altura de Villefranque. La idea era ver las ruinas de los châteaux de Miotz y Larralde, supuestamente el uno frente al otro, cada cual a un lado de la carretera de Bayona.
O yo iba muy despistado o las ruinas hacen tanto honor a su nombre que no se distinguen del terreno. El caso es que llegué a Saint-Pierre-d'Irube sin verlas y algo contrariado.

Bidegorri de Ustaritz a Bayona
Bidegorri de Ustaritz a Bayona (46kb)
Hiriburu, peristilo de Villa Quieta
Hiriburu, peristilo de Villa Quieta (33kb)
Hiriburu, château Lissague
Hiriburu, château Lissague (30kb)

Parada en la plaza junto a un plano del pueblo para saber por dónde queda otro château, en el Lissague. Según el mismo plano, a continuación estaba la iglesia, junto a la que se halla una benoîterie, pequeño edificio que habitaba la persona que se ocupaba del mantenimiento de la iglesia. Al parecer, es una de las pocas que se conservan de ese tipo.
Y el plano situaba no lejos de la iglesia un lugar conocido como Hillans y que tenía interés en visitar. Es que el nombre del pueblo, Saint-Pierre-d'Irube, proviene de su nombre vasco, Hiriburu; pero este último, cuyo significado ("capital") no encaja mucho con el tamaño de la localidad, es una derivación de Hiruburu, es decir, "tres cabezas", las mismas que tenía el dragón que habitaba junto a una fuente y que tenía atemorizada a la gente de la región. Hasta que un caballero se enfrentó a él, muriendo ambos en el río, y la zona quedó libre de ese peligro.
El caso es que me introduje por el Impasse Hillans, un camino que bajaba y bajaba, y que, de paso, cambiaba el asfalto por la tierra y las piedras, hasta que no fue más que un estrecho sendero que seguía bajando hasta un lugar ocupado por una casa en cuya parte trasera había un coche en mal estado y un pequeño yate. Misterio.
Media vuelta. Me dirigí a la cercana ermita de Villa Quieta, por situarse en sus inmediaciones el paseo del Dragón, pero aquello no conducía a ninguna parte, era un paseo sin más. En fin...

Hiriburu, benoîterie
Hiriburu, benoîterie (25kb)
Hiriburu, Hillans
Hiriburu, Hillans (39kb)

Bajé a Bayona, a la que entré por la zona de Mousserolles. En ella se sitúan unos árboles, plataneros, bien altos, de los que había tomado nota, al igual que de otros árboles, de distintas especies, que esperaba ver a lo largo de la tarde.

Bayona, rue Cordeliers y Château Neuf
Bayona, rue Cordeliers y Château Neuf (37kb)
Bayona, rue Coursic 7, casa Lapeyre
Bayona, rue Coursic 7, casa Lapeyre (39kb)

El panorama que presentaba a esa hora (mediodía) la ciudad, con sus calles casi desiertas, me hizo cambiar de planes. Dejé las afueras para más tarde y decidí aprovechar la tranquilidad del momento para circular por las zonas más frecuentadas por lugareños y turistas.
Por de pronto, pretendí liquidar rápidamente cierto asunto en el Museo Vasco.

Un par de años antes vi la casa Laustania en Izpura/Ispoure. Por internet me había enterado de que en el citado museo hay una obra de Feuillet que muestra la casa antes de su destrucción parcial y pregunté por ella a los empleados. No sabían y no tenían forma de averiguarlo, así que me sugirieron que recorriera el museo a ver si la encontraba. Al ser primer domingo de mes, la entrada era gratuita, pero no me hacía mucha gracia la inversión de tiempo que me iba a suponer la búsqueda. Acabé lanzándome escaleras arriba con la esperanza de tener suerte y encontrar la pintura lo antes posible.
Mucho me temo que mis pintas no eran las que se esperan del visitante de un museo, y eso que había tenido el detallazo de quitarme el casco, que conste.
Sala tras sala, y a pesar de que no paraba mucho en cada una de ellas, aquello me iba recordando bastante, salvando alguna que otra distancia, al museo San Telmo de San Sebastián antes de la remodelación a la que este último se ha visto sometido recientemente. Vamos, que me gustó, aunque lo había recorrido de una forma sui generis y no había encontrado la obra.
Según iba hacia la salida, le indiqué a uno de los empleados con un gesto el escaso éxito de mis pesquisas. Se encontraba junto a él otro individuo al que no había visto al llegar. El otro le puso al corriente del asunto, aquello se fue animando y, al cabo de un rato, acabé al otro lado del mostrador, consultando con ellos por internet algunas de las páginas en las que se citaba la presencia en el museo de la obra de marras.
Acabaron dándome el teléfono del conservador del museo, para que me pusiera en contacto con él, a ver qué me decía.

(Un par de días más tarde, llamé al teléfono que me habían facilitado, pero se ve que un "0" que figuraba al principio sobraba -según desde dónde se llame, creo- y acabé enviando un mensaje por correo electrónico. El conservador, Olivier Ribeton, me contestó el mismo día explicando que la obra es una acuarela, por lo que no se expone como un cuadro al uso sino que se encuentra protegida de la luz. Lo bueno es que adjuntaba un archivo pdf con su ficha, que incluía una reproducción de la acuarela. Genial. Además de ver, por fin, cómo era la casa de los Templarios en sus buenos tiempos, supe que la autoría de la obra no es de Feuillet, sino de Feillet, y que ese no es el apellido de su autor sino de su autora, Hélène. Ya puestos, el nombre de la casa es Laustania, como decía la gente con la que hablé en Izpura, y no Lastaunea, como figura en las páginas de internet. Amén.)

Atravesé por primera vez la Puerta de España y estuve durante breves momentos viendo un partido de rugby.

Bayona, Puerta de España
Bayona, Puerta de España (41kb)
Bayona, campo de rugby
Bayona, campo de rugby (22kb)

El próximo objetivo era la fuente de Saint-Leon, patrón de la ciudad. Por la zona de las murallas intercepté a un matrimonio. A la mujer le sonaba el nombre y se paró para orientarme mientras su marido seguía hacia adelante despacio. Saqué un plano que llevaba para que la mujer se situara mejor, pero un plano en manos de una mujer, aunque sea de su propia ciudad, es como darle un libro a quien no sabe leer: no sabe qué hacer con él. Cuando ya lo había girado por tercera o cuarta vez empecé a pensar que no había sido una buena idea enseñárselo. Finalmente, gracias a que ella situaba la fuente cerca del Aviron Bayonnais, me quedó más o menos claro por dónde estaba aquello; pero, a falta de mayor concreción, lo dejé para más tarde, no fuera a írseme al garete el presupuesto horario.
Cuando metí el plano en el bolsillo y me puse en marcha me encontré a la mujer, muy maja, mirando a un lado y al otro, buscando a su marido. Este se había ido alejando poco a poco, dando por hecho que su mujer lo iba a alcanzar enseguida, y ya no estaba a la vista para cuando nos despedimos. Lo vi un poco más adelante, así que la separación que había provocado un servidor iba a durar poco.

Anduve un rato por los alrededores de la catedral, cerrada a esa hora, lo que provocó que la gente se fuera congregando cerca de su entrada, esperando la hora de apertura por la tarde.

Bayona, casa Saubist
Bayona, casa Saubist (39kb)
Bayona, plaza Montaut
Bayona, plaza Montaut (33kb)

Bajé a la calle Port Neuf y leí junto al portal con el número 32 el cartel que menciona la escalera que hay en su interior. Había leído que esa escalera se puede ver y empujé la puerta, aunque sin muchas esperanzas; pero la puerta se abrió (un papel junto a la misma recuerda a los vecinos que hay que cerrarla a partir de las 20 h), recorrí un pasillo y apareció la curiosa escalera.

Bayona, rue Port Neuf 32, escalera
Bayona, rue Port Neuf 32, escalera (24kb)
Bayona, rue Port Neuf 32, escalera
Bayona, rue Port Neuf 32, escalera (23kb)

Una gozada callejear por el centro de Bayona sin gente.
No me hizo tanta gracia encontrar cerrada la oficina de turismo (cierra los domingos) ni que siguiera en obras el jardín Cassin, cuya reforma, según unos carteles, debería haber terminado para el 28 de septiembre...).

Bayona, rue Port Neuf y catedral
Bayona, rue Port Neuf y catedral (32kb)
Bayona, jardín Cassin
Bayona, jardín Cassin (47kb)

Crucé el puente sobre el Adour o Aturri y me introduje en el barrio de Saint-Esprit. En la rue de la Cabotte había dos gatos, cada uno sobre un coche, echando la siesta. Hice amistad con uno de ellos antes de subir la calle Maubec.

Bayona, rue de la Cabotte, gato
Bayona, rue de la Cabotte, gato (34kb)

Me metí por la calle Delattre buscando alguna vista sobre la ciudadela, pero una alambrada impide acercarse lo suficiente, así que, avenida del 14 de abril adelante, me fui acercando a una zona de cementerios: el judío a la izquierda, el cristiano a la derecha. Junto al primero, cuyo tamaño da una idea de la importante comunidad judía con la que ha contado históricamente Bayona, hay una estructura grande, blanca, que no sé si tendrá relación con él o será independiente.
Dando un pequeño rodeo para verlo (el cementerio) desde fuera, pasé por una calle en la que me crucé con la mujer que un rato antes me había ayudado al preguntarle por la fuente de Saint-Leon. Sorprendente. Ella no me vio. Estuve por dar media vuelta e ir a saludarla de nuevo, pero la dejé tranquila.

Junto al cementerio cristiano está la iglesia de Saint-Étienne, de origen medieval.

Bayona, junto al cementerio judío
Bayona, junto al cementerio judío (22kb)
Bayona, iglesia de Saint-Étienne
Bayona, iglesia de Saint-Étienne (19kb)

Dejé atrás una zona tan poco alegre y me animé cuando pasé frente al château du Caradoc. Lo dejé para cuando volviera de ver los edificios del Ensemble Breuer. Los había visto en un capítulo de la extraordinaria serie documental "Euskal-Herria, la mirada mágica", pero nunca pensé que acabaría por allí, aunque en la ya citada excursión de julio los había divisado desde el obelisco de Mouguerre.
Pregunté a un par de vecinos por una sequoia que debe de andar cerca, pero no sabían dónde estaba.

Bayona, casas del Ensemble Breuer
Bayona, casas del Ensemble Breuer (31kb)

Lo del château du Caradoc y su parque fue lo mejor del día. Qué bien lo pasé. El edificio en sí funciona como residencia. Sobre la entrada, una inscripción de lo más relajante: Ataraxia.
Paseé a mis anchas por los paseos arbolados, las escaleras y diversos rincones del recinto.
Me habría parecido lo más normal del mundo encontrarme con un grupo de actores y cámaras con su director, grabando escenas para una de esas series británicas ambientadas en alguna antigua mansión con románticos jardines. Es que me pareció de cine.
Al pasar por delante de la cocina, en la parte de atrás del edificio, pensé que me echarían el alto, pero se ve que la chica estaba más ocupada en preparar la cena que en prestar atención a si pasaba algún forastero por sus dominios.
Volví al punto de partida pisando hojas de magnolio.

Bayona, parque del château Caradoc
Bayona, parque del château Caradoc (55kb)
Bayona, parque del château Caradoc
Bayona, parque del château Caradoc (59kb)
Bayona, château Caradoc
Bayona, château Caradoc (26kb)
Bayona, parque del château Caradoc, escaleras
Bayona, parque del château Caradoc, escaleras (51kb)
Bayona, parque del château Caradoc
Bayona, parque del château Caradoc (42kb)
Bayona, parque del château Caradoc, escalera
Bayona, parque del château Caradoc, escalera (52kb)
Bayona, château Caradoc
Bayona, château Caradoc (31kb)
Bayona, parque del château Caradoc
Bayona, parque del château Caradoc (52kb)
Bayona, parque del château Caradoc
Bayona, parque del château Caradoc (23kb)

Feliz de la vida, fui hacia el parque du Caradoc, pegado al terreno del château, pero separados físicamente ambos. De camino, por una calle en cuesta, vi fugazmente a la izquierda un paso misterioso. Frenazo, media vuelta y a investigar. Aquello estaba sin urbanizar, muy sombrío (mucho más de lo que parece en la foto), con bambú a un lado y terminaba en una zona con casas normales, con acceso por otro lado.
Volví sobre mis pasos convencido de que ese lugar se utilizaría para grabar las escenas truculentas de la susodicha serie.
¿Qué tal el dragón de Hiriburu en un papel estelar persiguiendo a las scouts de Larresoro? Pobrecitas.

Bayona, pasaje junto al Chemin de Saint-Étienne
Bayona, pasaje junto al Chemin de Saint-Étienne (62kb)

Volví a pasarlo muy bien en el parque, con algún rincón muy bonito, árboles grandes, un magnolio que ya había visto en fotos y un llamativo gingko biloba (creo) en su esplendor otoñal.

Bayona, parque de Caradoc
Bayona, parque de Caradoc (58kb)
Bayona, parque de Caradoc
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Bayona, parque de Caradoc
Bayona, parque de Caradoc (57kb)
Bayona, parque de Caradoc, magnolio
Bayona, parque de Caradoc, magnolio (47kb)
Bayona, parque de Caradoc
Bayona, parque de Caradoc (41kb)
Bayona, parque de Caradoc
Bayona, parque de Caradoc (52kb)

En vista de la hora, renuncié a acercarme después al humedal d'Ilbarritz, algo alejado.
Pregunté (por preguntar) por el Oeil de la Houn y, tal y como suponía, no me aclararon nada (luego vi en un plano que había pasado cerca, lástima).

Volví a cruzar el Adour y paré a leer lo que pone al pie de la estatua del cardenal Lavigerie. Así me enteré (ya era hora) de que fue el fundador de los Padres Blancos.

Rondando por las cercanías del Aviron Bayonnais vi de pronto la fuente de Saint-Leon en una zona verde. Qué bien.

Bayona, fuente de Saint-Léon
Bayona, fuente de Saint-Léon (50kb)

Anduve un poco despistado buscando el château Lauga en la calle Jean Rostand. Mejor si me hubiera fiado de lo que leí en una página web en la que se decía que queda junto al bidegorri. En realidad, así es, pero no se puede ver por la vegetación que hay entre uno y otro... salvo que uno entre por el hueco que ha dejado una verja caída o tirada y entonces aparece, abandonado y lleno de pintadas.

Bayona, entrada al château Lauga
Bayona, entrada al château Lauga (59kb)
Bayona, château Lauga
Bayona, château Lauga (53kb)

Siguiendo el bidegorri, se me ocurrió atravesar el Pont Blanc (aunque no sea lo mismo, se parece a Mont Blanc). Al otro lado de la Nive se encuentra la plaine d'Ansot, un amplio terreno en el que disfrutar de sus especies vegetales. No eran horas de andar por allí, así que un par de fotos desde el puente y a seguir el bidegorri.

Bayona, bidegorri
Bayona, bidegorri (31kb)
Río Nive o Errobi y bidegorri
Río Nive o Errobi y bidegorri (25kb)
Pont Blanc sobre el río Nive o Errobi
Pont Blanc sobre el río Nive o Errobi (30kb)

De nuevo en Ustaritz, vuelta a la carga preguntando por la casa grande. Y otra vez el perro ladrándome, sólo que, tras el susto de la mañana, no llegó a traspasar la entrada de la finca.
De la casa de enfrente salieron tres chicos, pero no eran del pueblo.
Tampoco conocía el nombre del edificio la chica de un bar, que se declaró "desolé".
Una mujer de otra casa me dio un nombre que se aproximaba al real. (Es que escribí al ayuntamiento de Ustaritz preguntando varias cosas, entre ellas esa, y me dijeron que la casa en cuestión se llama Abartaxipia. Fin del enredo.)

Finalizando la excursión, pasé junto a la Villa Arnaga, ya cerrada a esa hora. En ella vivió el escritor Edmond Rostand, autor de "Cirano de Bergerac", y tienen fama sus habitaciones, decoradas en distintos estilos, y sus jardines.

De vuelta en Cambo, ya sin prisa a pesar de que empezaba a oscurecer, nueva ofensiva preguntando por Hirigoina. En la calle, en un bar, en una tienda. Nada de nada. A saber dónde está esa casa.

Un trozo de pastel vasco endulzó el comienzo del viaje de regreso a casa.

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