índice
Pamplona - Zaragoza
18/20-05-2012

Crónica de una mañana en Pamplona y de un fin de semana en Zaragoza.


Viernes, 18

De Vitoria a Pamplona fui en autobús. Se supone que era directo, pero paró en Alsasua, donde hubo cambio de conductor, al estilo de los viajes internacionales. Como la operación llevó unos minutos, a unas mujeres les dio tiempo de sobra para comentar entre risas que a ver si iba a coger el autobús alguien y se lo iba a llevar con ellas dentro (¿y los demás, qué?). Cuando subió el nuevo conductor no se privaron de repetirle los comentarios.

No tenía ningún plan para las horas que iba a pasar en la vieja Iruña, salvo ir a conocer un ascensor que han puesto en el casco viejo.
Por de pronto, en la fachada del Parlamento vi que dentro había una exposición, "1212-1512". Adentro. Aunque no me entusiasmó, me sirvió para haber estado en ese edificio por primera vez. En cuanto salí a la calle hizo lo propio un individuo corriendo y llamándome: es que había olvidado devolverle al policía foral de la entrada la tarjeta que me había entregado tras tomarme los datos.

El sucedido no consiguió espabilarme y seguí con la tontera con la que había comenzado el día.

El ascensor (son dos) que buscaba y que comunica la calle Descalzos con el puente de la Rochapea me recordó más bien a un funicular. Está muy bien.
Tras un rato sentado a la sombra en un banco en las cercanías del citado puente, me acerqué a los Corrales del Gas, desde los que se realiza un encierrillo nocturno y silencioso las vísperas de los días de encierro durante los Sanfermines. Las referencias dicen que es un momento mágico.
Vuelta al ascensor-funicular para callejear sin prisa y sin rumbo fijo.

Pamplona. Junto al puente de la Rochapea
Pamplona. Junto al puente de la Rochapea (61kb)
Pamplona. Ascensor
Pamplona. Ascensor (29kb)

Busqué sin éxito la casa de unos amigos en la calle Mercaderes y no di con ella. La memoria...

Tras leer junto a la Cámara de Comptos que en el interior de la misma hay un jardín, pregunté a un vigilante si dicho jardín se podía visitar y me dijo que sí, aunque me pidió que no pasara después a las dependencias del edificio. Todo un hallazgo, un sitio muy bonito y tranquilo.

Pamplona. Cámara de Comptos, patio interior
Pamplona. Cámara de Comptos, patio interior (42kb)

En el Archivo de Navarra, otro lugar en cuyo interior no había estado nunca, vi una maqueta de la Pamplona de hace algún que otro siglo. En el solar que ocupa el edificio se ubicaba antaño el Palacio de los Reyes de Navarra. Pregunté al vigilante de turno si unas cadenas que había en un rincón y con eslabones similares a los de las Navas de Tolosa tenían valor histórico y dijo que no. Me sugirió que fuera a la sala donde suele haber exposiciones. Estaba vacía, pero en su exterior había un par de vitrinas con documentos de cuando Navarra era reino, así que me contenté con aquello.

De camino hacia el Rincón del Caballo Blanco, una breve parada en las inmediaciones del Portal de Francia para ver la entrada en la ciudad de algún que otro peregrino, como uno de aspecto oriental que se puso a hacer fotos (a seguir haciéndolas, supongo) en cuanto atravesó el portal.

Pamplona. Puerta de Francia o de Zumalakarregi
Pamplona. Puerta de Francia o de Zumalakarregi (48kb)
Pamplona. Murallas desde el rincón del Caballo Blanco
Pamplona. Murallas desde el rincón del Caballo Blanco (36kb)

Por la calle Redín me fui acercando nuevamente al Ayuntamiento. Una pregunta en un comercio me dio la pista para localizar la casa que había buscado sin éxito antes. La encontré, pero los amigos no estaban.

Para cuando pasé por la plaza del Castillo el sol empezaba a asomar, tras haber estado la mañana nublada.

Pamplona. Plaza del Castillo
Pamplona. Plaza del Castillo (21kb)

La famosa calle Estafeta me dejó junto a la plaza de toros, cuya entrada anunciaba la celebración en su interior de la Oktoberfest, la fiesta de la cerveza de Munich. Curioseé un momento. Había poca gente comiendo a esa hora en la carpa instalada en el coso.

Pamplona. Plaza de toros, Oktoberfest
Pamplona. Plaza de toros, Oktoberfest (28kb)

Después, un agradable paseo por el parque de la Media Luna, al final del cual descubrí, junto a la avenida de la Baja Navarra, un monumento a Juan de Huarte que me pareció idéntico al que se encuentra en Saint-Jean-Pied-de-Port.

Pamplona. Parque de la Media Luna
Pamplona. Parque de la Media Luna (48kb)
Pamplona. Parque de la Media Luna, monumento a Sarasate
Pamplona. Parque de la Media Luna, monumento a Sarasate (37kb)

Unos minutos dedicados a la nostalgia en el último tramo de la calle Media Luna precedieron al peor rato de la mañana, cuando al sol le dio por calentar fuerte mientras iba a buscar a Jesús, amigo con el que emprendí poco después el viaje a Zaragoza, donde vive con Marisol, su mujer.

Aparentemente, arreglamos el mundo de camino a la capital maña, pero luego me di cuenta de que todo seguía igual.

Y llegamos a Mañolandia. Por cierto, los expertos no se ponen de acuerdo sobre si el término correcto es ése o Mañilandia, o ambos.
Una vez allí, dimos inicio a un fin de semana marcado por la celebración (el viernes) del Día de los Museos, que en Zaragoza habían decidido aplicar a todo (o casi, según los lugares) el fin de semana.

Empecé visitando con Jesús una exposición de grabados en el Museo Ibercaja Camón Aznar. La mayor parte eran de Goya y, coincidencias de la vida, los había visto unas semanas antes en Vitoria (salvo 4). Para cuando nos dimos cuenta, era casi la hora de marcharnos, pues queríamos escuchar un concierto en otro museo, así que despachamos una serie de grabados de Durero y otra de Rembrandt a tal velocidad que posiblemente impresionamos a más de un visitante (mejor no saber qué pensaron).

Nos presentamos en el Museo Pablo Gargallo y pronto comprobamos que el salón en el que iba a tener el concierto estaba ya lleno. Escuchamos desde el exterior y de pie las primeras obras, que incluían un par de canciones vascas que, cantadas en castellano, sonaban un poco raras, y emprendimos la visita propiamente dicha al museo al tiempo que admirábamos (Jesús ya lo conocía) el palacio que lo alberga. Está dedicado, como el nombre indica, a las obras de Pablo Gargallo. Esculturas por aquí, dibujos y fotografías por allá, fuimos alcanzando altas cotas, no sé de qué, el caso es que subimos unos cuantos pisos, hasta el último, el sexto o séptimo, no recuerdo.

Zaragoza. Museo Pablo Gargallo
Zaragoza. Museo Pablo Gargallo (35kb)
Zaragoza. Museo Pablo Gargallo
Zaragoza. Museo Pablo Gargallo (27kb)

Y nos echaron.
Eran casi las 21, hora de cierre, así que nos señalaron amablemente la escalera por la que podíamos iniciar el camino de retorno hasta la salida.

Zaragoza. Plaza de San Felipe, estatua de bronce
Zaragoza. Plaza de San Felipe, estatua de bronce (29kb)

Vuelta a casa para volver a salir, ahora con Marisol, al encuentro de la hermana de ésta, Conchita, y de unos amigos de la pareja, Paco y Marisa. Cenamos en la calle Comandante Ripollés, de donde fuimos al Teatro Principal, en cuyo bar tomamos posiciones. Por lo que dijeron, ese bar estaba antes en la primera planta y se utilizaba sólo cuando el teatro estaba abierto, como suele ser habitual; ahora lo han puesto en la planta baja, mientras un restaurante ocupa su lugar en el primer piso, y ambos funcionan aunque el teatro esté cerrado.

Comentarios y chascarrillos varios, gracias a los cuales me enteré de lo que le puede pasar a uno si aterriza en Galicia y para en un pueblo para preguntar por la dirección en que se encuentran las dunas de Corrubedo; al menos, si entra a preguntar en lo que parecía una pequeña tienda con poca luz en su interior y comienza el siguiente diálogo:

-Buenas tardes. Por favor, ¿para ir a las dunas de Corrubedo?
-Buenas tardes.
-... Buenas tardes. ¿Por dónde quedan las dunas de Corrubedo?
-Buenas tardes.
-Mmmm... Buenas tardes. Quería saber por dónde ir a las dunas de Corrubedo.
-Buenas tardes.

La cosa se alargó hasta que hizo su aparición una mujer que aclaró lo de la dirección y, de paso, quedó en evidencia la identidad del interlocutor en el diálogo anterior: un loro.
Tan surrealista como verídico.
Risas y más anécdotas.

Y nos echaron.
La chica del bar se acercó poco después de la medianoche para decirnos que iban a cerrar, mientras dos de sus socios en el restaurante (ya vacío, se deduce) observaban la expulsión desde la barandilla de la primera planta.

Acabamos en un bar de los de largo recorrido nocturno y ahorro energético (por la poca luz).


Sábado, 19

Comenzamos las actividades del sábado con una visita a las termas romanas, que terminó con la proyección de un audiovisual en el que abundaban las imágenes de Pompeya. La ubicación de esas termas (las de Zaragoza) puede pasar fácilmente desapercibida porque tienen una entrada bastante discreta.

Muy cerca, el Museo Teatro. Como su nombre indica, es un museo ubicado junto a las ruinas del teatro romano. En sus buenos tiempos, debió de ser un edificio bastante imponente. Durante unos minutos aquello revivió gracias a un grupo de profesores y alumnos de la Escuela Municipal de Música y Danza, que dieron una serie de explicaciones sobre los instrumentos que se utilizaban en la época romana y, a continuación, interpretaron una sencilla danza acompañándola con instrumentos similares a los empleados hace un par de miles de años. El público, que incluía a Paco y Marisa, pidió más; pero nada, no hubo propina.
Después, estuvimos un rato viendo la parte del museo.

Zaragoza. Teatro romano
Zaragoza. Teatro romano (41kb)

Tras tomar algo en un bar y despedirse Paco y Marisa, me adentré con Jesús en El Tubo. Lo conocía vagamente de años atrás, cuando fui con un conocido al que no le hizo mucha gracia que nos internáramos por esas calles, por lo que salimos enseguida. Se me hizo más que evidente el cambio a mejor que ha experimentado la zona, recuperada para disfrute de los ciudadanos.
Antes, pasamos por la plaza de España, patas arriba por las obras del tranvía.

A la tarde, después de ver cómo se clasificaba Rafael Nadal para la final del torneo de Roma de tenis, fui con Jesús a ver lo que queda del Foro romano. Al rato, proyectaron un audiovisual y nos pusimos a verlo. De todas formas, tampoco había mucha alternativa, pues apagaron casi todas las luces. Se da a entender cómo pudo ser la ciudad en su época de esplendor.
A continuación, nos internamos en un tramo de las antiguas cloacas romanas. Jesús captó telepáticamente por enésima vez durante el fin de semana lo que estaba pensando yo: estábamos caminando alegremente por donde antiguamente circularon materiales no muy nobles que se diga.

Para cuando salimos estaba lloviendo. Nos acercamos (está al lado mismo) a la Seo, donde parecía haber terminado una boda, pero estaba cerrada a las visitas.

Como la exposición de grabados que vimos la víspera tenía su continuación en la Lonja, allá nos metimos. Esta vez les hicimos más caso a Durero y a Rembrandt, pero tampoco demasiado. Pobres, con el trabajo que les debió de costar elaborar los grabados y nosotros viéndolos poco menos que de pasada, salvo los que eran algo más grandes y los que en la propia exposición recibían un tratamiento especial, como la obra "Melancolía", de Durero. Lo sorprendente es que no se hiciera mención en el cartelito de turno al cuadrado mágico que figura en el ángulo superior derecho de dicha obra. El cuadrado en cuestión es de orden cuatro, contiene los números del 1 al 16 y tanto sus filas como sus columnas como las esquinas como las casillas centrales, etc. suman 34.
Por cierto, posteriormente me enteré de que en Barcelona, en la Sagrada Familia de Gaudí, hay un cuadrado (también 4x4 y hecho por un tal Subirachs) cuyas filas, columnas, etc. suman 33 (los años que vivió Jesucristo), aunque para lograr ese resultado se ha utilizado dos veces el 10 y el 14 y se ha prescindido del 12 y del 16. Ese cuadrado está reproducido en Zaragoza (en la calle Armas) en forma de graffiti. Lástima no haberlo sabido antes.

También, admiramos el interior del propio edificio.

La lluvia había ido a más para cuando salimos y nos dirigimos a la basílica del Pilar.
Nos encontramos la entrada bastante congestionada porque la gente, que es así, estaba refugiada a la espera de que amainara.
Nos abrimos paso sin necesidad de utilizar los codos y entramos.

Zaragoza. Plaza del Pilar
Zaragoza. Plaza del Pilar (25kb)

Jesús me guió por diversas dependencias, como la capilla de la Virgen, a la que le cambian el manto cada día, y, en vista de que no se podía acceder al altar mayor porque estaban en Misa, decidimos salir para volver a entrar por otra puerta y ver el altar a distancia.
Por de pronto, nos quedamos parados en la entrada de la basílica junto a otras personas, asimilando las impresiones recibidas en el interior y no porque estuviera lloviendo a todo meter.

Y nos echaron.
Un vigilante de seguridad nos invitó a los allí congregados, con toda la razón del mundo y de buenas maneras, a despejar ese espacio para facilitar el tránsito (vamos, para que no les pasara a otros lo que a nosotros cuando llegamos).
Así que nos encaminamos flemáticamente hacia la otra puerta bajo la lluvia y si corrimos fue únicamente porque nos sentíamos pletóricos y llenos de energía.

El altar mayor es de alabastro y llama la atención. Lo contemplamos discretamente y volvimos a la calle.
Cruzamos la plaza a todo correr para expresar nuestro entusiasmo y ganas de vivir, nos cruzamos con un grupo de flamencas, vimos a una pareja de novios haciéndose fotos en una galería comercial y, tras mostrarme Jesús varios lugares más de interés, volvimos a casa para ver la final de la Liga de Campeones de fútbol. Debió de ser una pesadilla para los del Bayern, pero nosotros queríamos que ganara el Chelsea, así que tan contentos.

Tras disfrutar del arte de Marisol en los fogones, dimos una vuelta nocturna los tres. El paseo estuvo amenizado sobre todo por las anécdotas del par de años que pasaron en Japón. El viento también buscó su cuota de protagonismo, sobre todo mientras cruzábamos el Puente de Piedra. De camino hacia allí, atravesamos algunas calles muy tranquilas y silenciosas. El regreso lo hicimos por una ruta bastante más transitada, para muchos la noche del sábado acababa de empezar.

Zaragoza. El Pilar de noche
Zaragoza. El Pilar de noche (23kb)


Domingo, 20

La mañana del último día la dedicamos a visitar la Aljafería. Llegamos a ese palacio tras un agradable paseo entretenido por comentarios sobre lo peligrosas que son de noche determinadas calles por las que pasamos... También, por un edificio señorial de la calle San Pablo en cuya fachada se puede leer "Posada de las Almas", lo que me intrigó mucho, como lugar que podría haber aparecido perfectamente en una novela de Pío Baroja, por ejemplo.

Zaragoza. Posada de las almas
Zaragoza. Posada de las almas (39kb)
Zaragoza. Posada de las almas
Zaragoza. Posada de las almas (42kb)

Pasamos junto a un centro senegalés antes de realizar una breve incursión en la iglesia de San Pablo o del Gancho (una especie de hoz, para cortar las hierbas antes de procesionar), con su torre mudéjar octogonal.

Zaragoza. Iglesia de San Pablo
Zaragoza. Iglesia de San Pablo (30kb)
Zaragoza. Calle San Pablo
Zaragoza. Calle San Pablo (42kb)

Había oído mencionar el palacio de la Aljafería. Sin más. Igual fue por eso, por no haberme creado expectativas, por lo que me pareció espectacular, o tal vez se debió a que realmente lo es, a pesar de que a mediados del pasado siglo estaba en un lamentable estado de abandono.
La entrada es gratis los domingos.

Se distinguen varias partes, como el palacio islámico, el palacio cristiano medieval y el palacio de los Reyes Católicos.
Cervantes menciona la Aljafería en el Quijote y parece ser que Verdi se inspiró en su Torre del Trovador para componer su ópera Il Trovatore.
Por tener, el palacio tiene hasta un Salón de Pasos Perdidos, como en el Congreso.
Un placer contemplar el patio de Santa Isabel, el oratorio islámico, el Salón del Trono, esto, lo otro...
En una parte del complejo, la más cercana a la entrada, está instalado el Parlamento aragonés.

Zaragoza. Aljafería, palacio islámico
Zaragoza. Aljafería, palacio islámico (25kb)
Zaragoza. Aljafería, patio de Santa Isabel
Zaragoza. Aljafería, patio de Santa Isabel (34kb)
En varios artesonados se repiten los símbolos del yugo y las flechas, que se suelen relacionar con el Franquismo y la Falange, cuando la realidad es que el yugo (Y) representaba a Isabel (Ysabel) la católica y las flechas (F), a Fernando (sí, el católico).
Ya puestos, los artesonados muestran también, una y otra vez, el "Tantomonta" que uno ha asociado siempre a los Reyes Católicos y que resulta que tiene su origen en lo que dijo Alejandro Magno cuando, tras presentarle el nudo gordiano, lo cortó con su espada, en el sentido de que daba igual cortarlo que desatarlo.
Zaragoza. Aljafería, artesonado con yugo y flechas
Zaragoza. Aljafería, artesonado con yugo y flechas (74kb)
Zaragoza. Aljafería, patio de Santa Isabel
Zaragoza. Aljafería, patio de Santa Isabel (47kb)
Zaragoza. Aljafería, artesonado con el nudo gordiano cortado
Zaragoza. Aljafería, artesonado con el nudo gordiano cortado (65kb)
Zaragoza. Aljafería, patio de Santa Isabel
Zaragoza. Aljafería, patio de Santa Isabel (45kb)
Zaragoza. Aljafería
Zaragoza. Aljafería (25kb)

Y nos echaron.
Eran casi las 14 h, hora de cerrar, y aparecieron dos vigilantes, a los que se fueron sumando, a medida que nos batíamos en retirada, los compañeros de las áreas que ya habían conseguido despejar de visitantes.

De vuelta a casa, pasamos junto a la plaza de Toros y la Diputación, así como por alguna calle con cierto aire degradado, como una plaza presidida por una estatua dedicada a Palafox, a la que seguía otra calle con aspecto bastante cosmopolita. Contrastes.
Entramos un momento en un hospital para ver los azulejos que adornan su planta baja, recordamos el triste pasado del hotel Corona de Aragón (ahora con otro nombre), y vimos la Puerta del Carmen, el Paraninfo Universitario (antigua Facultad de Medicina y Ciencias, con sus bustos de científicos ilustres en la fachada) y alguna que otra cosa más antes de dar por terminada la mañana.

Zaragoza. Puerta del Carmen
Zaragoza. Puerta del Carmen (37kb)

A primera hora de la tarde nos quedamos sin final de tenis por culpa de la lluvia, pero un documental sobre Dinamarca sirvió para recordar a Jesús y a Marisol la visita que hicieron a ese país aprovechando que vivieron un tiempo en Suecia. Recordaron, sobre todo, el intensísimo frío que soportaron en una calle que apareció en pantalla en un momento dado.

Fui con Jesús a ver la Seo, pero parecía que allí no se habían enterado de lo del Día de los Museos. Nos negamos a pagar y salimos pitando hacia el Pilar para ver en condiciones el altar mayor antes de que empezara la misa. Anduvimos un poco justos, pero lo vimos sin prisas mientras un señor mayor y trajeado ensayaba algunos cantos con la concurrencia. Aquel hombre era un casta, se veía que lo vivía, pero no parecía que fuera muy correspondido por el personal.
Se hacía un poco raro ver a un vigilante de seguridad dentro de la basílica. Jesús me llevó a ver la máquina expendedora de cintas (con amplia oferta de colores) que la gente pone en el coche o donde sea a modo de protección.
También, me hizo ver el par de obuses que, según pone allí, cayeron sobre la basílica durante la guerra civil y no estallaron.
En una capilla, la gente se acercaba a un crucifijo y llevaba a cabo algún rito, como besar los pies del Cristo o pasar la mano por una de sus rodillas, etc. Un sociólogo podría pasar un buen rato contemplando a los fieles y sus evoluciones en esa capilla.

Zaragoza. La Seo
Zaragoza. La Seo (20kb)
Zaragoza. Plaza del Pilar
Zaragoza. Plaza del Pilar (24kb)

Regresamos un momento a la base de operaciones para volver a salir enseguida con Marisol, dispuestos a llevar a cabo una encerrona a un amigo al que Jesús y yo no veíamos desde hacía 31 años y con el que habíamos contactado la víspera, pero sin decirle quiénes éramos. Los planes salieron como habíamos previsto y la víctima, Javier, cayó en lo que bien podía haber sido una de esas bromas o sorpresas con cámara oculta.
Explicaciones, risas y a un bar a tomar algo mientras recordábamos viejos tiempos y nos poníamos al día en las andanzas de cada uno, lo que sirvió para comprobar que en las décadas que llevábamos sin vernos se habían dado una serie de sorprendentes paralelismos, sobre todo entre Javier, por un lado, y Jesús y Marisol, por otro. Qué cosas.
Javier es el fundador de una ONG, Guinear, que trabaja por la promoción de niños y mujeres en Guinea Conakry (país que yo creía anglófono y es francófono), donde ha hecho estas fotos. Arrancó con unos 6-7 socios y ahora cuenta con una cincuentena. Próximamente, tiene previsto un nuevo viaje allí.

Cuando salimos a la calle estaba lloviendo.

Así terminó un fin de semana de lo más agradable gracias al buen hacer de mis anfitriones.
Y el lunes temprano vuelta a Pamplona y, de allí, a Vitoria.

[subir]