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Vitoria - Nanclares - Salinas - Arreo - Manzanos - Pangua - Zurbitu - Vitoria
23-07-2011
(mapa)
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A veces, una excursión lleva a otra. Recientemente, había pasado por Salinas de Añana sin entrar en el pueblo, cerca de Fontecha había visto una señal que mencionaba la presencia de una necrópolis antigua y, camino de La Puebla de Arganzón, había pasado por las cercanías de la ermita de San Formerio, que tenía en lista de espera desde hacía años. Entre lo uno, lo otro y lo de más allá salió este otro recorrido.

En Nanclares de la Oca subí a ver la iglesia y me topé con una escultura de Koko Rico en homenaje a los viajeros.

Nanclares, escultura de Koko Rico
Nanclares, escultura de Koko Rico (36kb)

Pasado Pobes, subí el alto de La Tejera y bajé a Salinas, uno de esos pueblos con un par de calles razonablemente llanas y con el resto en cuesta. Vi lo que buscaba y acabé preguntando por el edificio que albergó tiempo atrás un hospital para peregrinos. Tal y como había leído, tiene aspecto modesto y pasa desapercibido.
Antes de abandonar el pueblo, me acerqué al convento de Comendadoras de San Juan de Acre, perteneciente a la Orden de Malta.

Salinas de Añana, calle La Solana
Salinas de Añana, calle La Solana (29kb)
Salinas de Añana, palacio de los Zambrana-Herrán
Salinas de Añana, palacio de los Zambrana-Herrán (29kb)
Salinas de Añana, antiguo hospital e iglesia
Salinas de Añana, antiguo hospital e iglesia (32kb)
Salinas de Añana, convento de San Juan de Acre
Salinas de Añana, convento de San Juan de Acre (41kb)

Vuelta a subir La Tejera casi en su totalidad para coger el desvío hacia Arreo. Poco después de pasar el pueblo, llegué a la ermita de Nuestra Señora del Lago. Lo del lago no es capricho porque está cerca del de Arreo (o de Caicedo de Yuso), el "único lago verdadero del País Vasco", según un panel informativo; de 24 m de profundidad y visitado por cormoranes, según otro.
Junto a la ermita había una pareja joven comiendo algo, tenían dos perros de lo más pacífico.

Lago de Arreo desde la ermita
Lago de Arreo desde la ermita (42kb)
Arreo desde el lago
Arreo desde el lago (29kb)
Lago de Arreo
Lago de Arreo (37kb)
Entre Arreo y Caicedo de Yuso
Entre Arreo y Caicedo de Yuso (32kb)

Al llegar a Caicedo de Yuso me encontré con un letrero señalando la dirección de la necrópolis de la Magdalena, del siglo X. Eso estuvo bien, lo malo fue que apuntaba a la carretera por la que acababa de llegar. Como indicaba que la distancia es de 1,4 km di media vuelta y subí en su busca. Arriba, apareció otro letrero, que no había visto antes porque estaba caído, y que apuntaba hacia el pueblo. No cogí la idea. Como indicaba 200 m, pensé que se refería a una pista que salía en las cercanías. Me metí por ella y pronto vi que no era por allí. En vista de que no me aclaraba, volví al pueblo y busqué a quien preguntar. Una chica me dio los detalles: hay que coger la pista junto a la que está el letrero de arriba y la necrópolis queda a la derecha tras caminar un rato. Ella hacía siete años que no iba. Pues nada, subí otra vez, me metí por la pista (¿por qué ponen un letrero apuntando al pueblo si no hay que bajar?), anduve un rato y aterricé en un trigal por el que ya había pasado la cosechadora. Retrocedí, vi un cairn o montoncito de piedras, miré por si aquello quería decir algo y así encontré la necrópolis en medio de las hierbas que la ocultan hasta que uno se planta allí mismo.

Caicedo de Yuso, necrópolis de la Magdalena
Caicedo de Yuso, necrópolis de la Magdalena (53kb)

Por tercera vez bajé a Caicedo y continué hacia Leciñana del Camino. Me llamaba la atención ese nombre, más propio de tierras castellano-leonesas. Me quedé con las ganas de preguntar a algún lugareño por el motivo, pero es que no vi a nadie. Lo que sí vi es que tienen una calle ecológica o inmadura: calle Verde.

Caicedo de Yuso
Caicedo de Yuso (29kb)
Leciñana del Camino, iglesia
Leciñana del Camino, iglesia (43kb)

Por Zubillaga y Comunión (pertenecen al municipio de Lantarón) llegué a Rivabellosa, desde donde seguí durante un corto rato la carretera que va a Pobes antes de desviarme hacia Melledes. Sudé bastante subiendo a dicho pueblo porque estaba haciendo bastante calor. Para que se me pasara un poco, me refugié a la sombra del pórtico de la iglesia, cuya puerta ya daba a entender que aquello había dejado de funcionar como templo.
En ello estaba cuando llegó un gitano con un manojo de llaves, escogió una pequeña y con ella abrió el candado que sujetaba la cadena que mantenía cerrada la puerta. Se supone que en sus mejores tiempos esa iglesia se abría con una llave como Dios manda, de esas grandes. Quién te ha visto y quién te ve.
Apareció una furgoneta, paró a la altura de la iglesia, bajó su ocupante, otro gitano, entró en la iglesia y luego salieron los dos, el primero con un marco de madera que parecía nuevo. Se ve que utiliza aquello como almacén.

Melledes, puerta de la iglesia y llaves
Melledes, puerta de la iglesia y llaves (28kb)

No es casualidad que los dos hombres fueran gitanos, es que lo son la mayoría de los habitantes del pueblo. Melledes quedó abandonado y los gitanos lo recuperaron con la idea de rehabilitar allí a jóvenes toxicómanos de su etnia mediante la enseñanza de diversos oficios.
Todos los que vi se mostraron educados, amables y hasta graciosos, como el que me dijo que lo del Tour era allá, en Francia.
Al volver a la carretera me llevé una desagradable sorpresa al ver el penoso estado en que se encontraba a partir del pueblo, bacheada y con gravilla.

Antes de llegar a Manzanos, una escena curiosa: una gitana al borde de la carretera tirando de algo. Ese algo era otra gitana, más voluminosa, a la que la primera trataba de ayudar a subir a la carretera. Esperaba su turno otra gitana de más edad. A saber de dónde salían. Al poco, las tres estaban arriba.

En Manzanos, tras soportar estoicamente los ladridos de un perro (el bicho estaba en un cercado), me fijé en un monumento dedicado por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País a D. Joaquín de Eguía, Marqués de Narros. De hecho, la plaza junto a la que estaba el monumento lleva el nombre de dicho marqués.
Manzanos tiene estación de ferrocarril y está situada en un barrio llamado, precisamente, "de la estación". Pues eso, que conste.

Manzanos, monumento al marqués de Narros
Manzanos, monumento al marqués de Narros (38kb)

Así como una excursión lleva a otra, una oca también conduce a otra. Tras haber pasado a la mañana por Nanclares de la Oca, llegué a la tarde y desde Manzanos a Leciñana de la Oca. Me llamaron la atención una ventana gótica y un escudo en uno de los muros de la iglesia.

Leciñana de la Oca, iglesia
Leciñana de la Oca, iglesia (27kb)

Volví a Manzanos, crucé las vías y fui haciéndome a la idea de que unos pocos kilómetros después estaría subiendo a San Formerio. Un cicloturista con el que coincidí en una excursión reciente la describió como una ascensión dura y la comparó con la del santuario de Oro. Entre eso, el calor y que no iba muy fino acabé parando a la sombra en Pangua para comer, beber y que se me pasaran los calores.
Cuando iba a dejar el pueblo, pregunté a unas mujeres por si sabían si la ermita estaría abierta o, en caso contrario, si había posibilidad de que me dejaran la llave en algún sitio. Tal y como imaginaba, me dijeron que la encontraría cerrada y que no creían que consiguiera la llave. Una de ellas estaba dándole al ganchillo y la otra tenía delante todo un montaje que resultó ser para hacer encaje de bolillos.
Me despedí y tiré para arriba. Comparar aquello con Oro, como hizo el compañero cicloturista, es quedarse corto. Bastante corto. Sólo son 2 kilómetros, pero no se dejan subir así como así. Había comenzado alegremente con el plato mediano, pero tuve que meter el tercero a todo correr. Lo que también hice alegremente fue seguir adelante a la vista de la señal de prohibido el paso que hay a mitad de subida.
El esfuerzo mereció la pena. El premio fueron las amplias vistas que se divisan desde la ermita. Cerca, unas sepulturas en roca del estilo de las de Caicedo de Yuso. Pegado a la ermita, un refugio al que entré al ver que la puerta se abría.
Lo único que me dejó algo frío fue la ermita en sí, con pinta de mazacote. Esperaba otra cosa, no necesariamente una joya del románico, pero sí ver algo. Me imaginé que lo interesante debe de quedar más allá de una puerta que estaba cerrada.
La explicación la encontré en un panel que decía que "la estratégica situación del santuario lo convirtió en un importante puesto de guardia para los caminos de la zona durante la Edad Media. En el siglo XIX se convirtió en cuartel, atalaya y fortín, primero de los soldados de Napoleón y después durante las guerras carlistas. Por ello, el santuario cuenta con gruesos muros de defensa, firmes contrafuertes, saeteras cegadas, ventanas ojivales..."
Aclarado.

Pangua, San Formerio, vistas
Pangua, San Formerio, vistas (29kb)
Pangua, San Formerio, tumbas e iglesia
Pangua, San Formerio, tumbas e iglesia (47kb)
Pangua, San Formerio
Pangua, San Formerio (29kb)

Bajando, hice la gracia de probar a dejar la bici de pie, apoyando uno de los pedales en el asfalto aprovechando la pendiente. A pesar de no ser esta muy exagerada, acabé por conseguirlo.

Subida a San Formerio, bici de pie
Subida a San Formerio, bici de pie (30kb)

De nuevo en Pangua, le propuse a la encajera hacerle una foto. Accedió, pero salió disparada hacia su casa. La que estaba con el ganchillo me desveló el misterio: su socia había ido a por una labor ya hecha, para que luciera más que la que estaba en curso, todavía en sus inicios. Me quedé un rato con ellas y así me enteré de que también la del ganchillo era encajera. No hay muchas, y menos en estos tiempos en que la gente no tiene tiempo para nada, pero suelen organizar encuentros a nivel nacional. No me extraña que se utilice la expresión "hacer encaje de bolillos" en alusión a trabajos o trámites complejos y laboriosos. Primero, una vez elegido el modelo que se va a realizar, hay que marcar sobre una superficie que servirá de guía un montón de puntos, equivalentes a los cruces o uniones de los hilos; después, hay que ir clavando alfileres en esos puntos para, a continuación, ir pasando los hilos por donde corresponda. Si se comete un error, cuesta tanto deshacer lo equivocado como trabajo ha costado hacerlo. Abstenerse impacientes, temblorosos y nerviosos.
Esa mujer, la que estaba en ese momento haciendo el encaje, aprendió hace 9 años en un cursillo en La Puebla de Arganzón. La compañera dijo de ella que ha hecho labores de mucho mérito.
Un hombre, que se sentó un rato con ellas, me informó del resultado de la etapa contrarreloj del Tour, de la que Evans salía como nuevo líder.

Pangua, encajera de bolillos
Pangua, encajera de bolillos (33kb)
Pangua, iglesia
Pangua, iglesia (30kb)

Cogí agua antes de partir en busca de la tercera oca del día, la de Villanueva. Qué pesados los perros de ese pueblo.

Entre La Puebla de Arganzón y Villanueva de la Oca
Entre La Puebla de Arganzón y Villanueva de la Oca (28kb)
Villanueva de la Oca, campanario
Villanueva de la Oca, campanario (25kb)

Luego me tocó subir a Zurbitu antes de disfrutar con el paisaje de la carretera que pasa cerca de Golernio y acaba en la carretera que va a Treviño, cerca de Doroño.

Entre Zurbitu y Doroño
Entre Zurbitu y Doroño (22kb)
Entre Zurbitu y Doroño
Entre Zurbitu y Doroño (26kb)
Arrieta
Arrieta (30kb)

Subí el amistoso y agradecido puerto de Zaldiaran y me dejé caer lentamente hacia Vitoria al tiempo que me iba quedando frío.
Como la zona de Mendizabala estaba cerrada al tráfico, pasé por el Mineral, pequeña zona arbolada en la que antaño manaba un agua con propiedades curativas.

Vitoria, el Mineral
Vitoria, el Mineral (58kb)

Después, enfilé el paseo de Fray Francisco de Vitoria (padre del Derecho Internacional), donde paré para ver a unos recién casados haciéndose fotos en el jardín del museo de Bellas Artes. El coche que los esperaba había causado buen efecto entre los paseantes. Pregunté al que parecía su chófer y me dijo que se trataba de un Rolls-Royce de 1952.

Vitoria, recién casados haciéndose fotos
Vitoria, recién casados haciéndose fotos (27kb)
Vitoria, Rolls-Royce de 1952
Vitoria, Rolls-Royce de 1952 (41kb)

Ya puestos, hice una foto de Ajuria-Enea, la residencia del Lehendakari. Más de una década viviendo en Vitoria y es la primera vez que fotografío ese edificio. Lo típico.

Vitoria, Ajuria-Enea
Vitoria, Ajuria-Enea (29kb)

Un último rodeo para evitar el paseo de la Senda, ocupado por un montón de puestos de no-sé-qué.

Había seguido quedándome frío y tardé un rato en conseguir sacar las llaves del bolsillo del maillot al llegar a casa. Los dedos, entumecidos, no se enteraban de qué era lo que tocaban.

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