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Arizkun - Baigorri - Ossés - Ainhoa - Arizkun
31-08-2010
(mapa)
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Mientras me dirigía hacia el punto de partida veía cómo la niebla cubría el valle de Baztán, y allí seguía cuando dejé el coche junto a un cruce próximo a Arizkun, así que empecé la excursión con una temperatura bastante fresca.
Entré en calor subiendo a Azpilkueta, donde nació la madre de San Francisco Javier. Los escudos que adornan muchas de las casas tienen como denominador común el taqueado que también se ve en el escudo de Javier.

Azpilkueta
Azpilkueta (26kb)
Vistas desde Azpilkueta
Vistas desde Azpilkueta (22kb)

Para cuando bajé ya había desaparecido la niebla.
Antes de subir a Arizkun, vi un puente del que no tenía noticia, con pinta de ser antiguo. La señalización en el entorno indicaba que por allí pasa la vía del Baztán del Camino de Santiago.

Arizkun, puente de Berro
Arizkun, puente de Berro (44kb)

Arizkun lo conocía poco menos que de pasada, así que esta vez me entretuve un poco más para verlo mejor. Vale la pena, con sus casonas y el convento de las Clarisas.

Arizkun
Arizkun (28kb)

Poco después pasaba junto a la casa Lamiarrita, de donde era un tal Goyeneche, fundador del pueblo Nuevo Baztán, cerca de Alcalá de Henares.
Y a un par de cientos de metros está el palacio de Ursua, la casa de Pedro de Ursua, jefe de la expedición española a Eldorado, durante la cual fue asesinado por Lope de Agirre. El asfalto termina a la altura del palacio; enfrente, la ermita de Santa Ana; después, continúa una calzada empedrada...

Arizkun, palacio de Ursua
Arizkun, palacio de Ursua (33kb)
Arizkun, casa Lamiarrita
Arizkun, casa Lamiarrita (31kb)

Muy cerca también, el barrio de Bozate, antaño habitado por la raza marginada de los Agotes, de misterioso origen.
Por si no hubiera suficientes elementos de interés en tan poco espacio, también en Bozate hay un museo de esculturas al aire libre: Santxotena. Lástima que se trate de arte contemporáneo.

Arizkun, barrio de Bozate
Arizkun, barrio de Bozate (29kb)

Otro poco más y, en Erratzu, contemplé el edificio de la antigua aduana del siglo XVIII, además de numerosas casonas típicas del valle.

Erratzu, antigua aduana del XVIII
Erratzu, antigua aduana del XVIII (34kb)

A continuación, ascendí el más que asequible puerto de Izpegi, bonito donde los haya y más aún si cabe por la vertiente navarra. Un placer.

Vistas desde el puerto de Izpegi
Vistas desde el puerto de Izpegi (37kb)

Ya en Francia, visité por enésima vez Saint-Étienne-de-Baïgorry/Baigorri. No será la última. Hice una vez más la consabida foto del puente romano con el château de Echauz al fondo y, como hacía casi una década que no me acercaba a dicho castillo, es lo que hice después. Estaban quemando rastrojos y el humo y el sol hacían un efecto curioso entre las ramas de un árbol cercano. No me acerqué demasiado al château (ahora funciona como hotel) por los carteles que ya desde la entrada avisan de que es propiedad privada.

Saint-Etienne-de-Baigorri
Saint-Etienne-de-Baigorri (48kb)
Saint-Etienne-de-Baigorri, sobre el puente romano
Saint-Etienne-de-Baigorri, sobre el puente romano (47kb)
Saint-Etienne-de-Baigorri, puente y château d'Echauz
Saint-Etienne-de-Baigorri, puente y château d'Echauz (56kb)
Saint-Etienne-de-Baigorri, árbol y humo
Saint-Etienne-de-Baigorri, árbol y humo (56kb)
Saint-Etienne-de-Baigorri, château d'Echauz
Saint-Etienne-de-Baigorri, château d'Echauz (41kb)

En el barrio de Eyrehalde tomé un desvío hacia el de Urdos. Buscaba una casa llamada Jauregia (palacio) y pregunté a un chico que me explicó cómo llegar. El problema fue que me dijo que tenía que tirar hacia la izquierda, lo que era correcto, pero se le pasó el detalle de que, poco antes de llegar al cruce al que se refería, hay otro. Cuando llegué al mismo, seguí obedientemente por la izquierda y anduve extraviado un rato, superando de paso alguna que otra rampa dura. En un momento dado, salió un coche de un caserío y lo seguí un momento, haciéndole gestos de que parara, suponiendo ingenuamente que el conductor no tenía nada mejor que pensar que por aquellos andurriales le seguía un globero despistado.
Tras causar expectación entre cuatro vacas y terneros que se acercaron a la alambrada a interesarse por mis cuitas, volví al cruce de marras, seguí por donde tenía que haberlo hecho, llegué al cruce "bueno" y, tras preguntar en una casa cercana por si acaso, tiré hacia arriba para llegar al cabo de un rato al barrio Bastida, donde pude ver, por fin, la casa Jauregia.

Vacas
Vacas (35kb)
Urdos, La Bastide
Urdos, La Bastide (37kb)
Urdos, Jauregia
Urdos, Jauregia (30kb)

Vuelta a Eyrehalde para poner rumbo a Ossés/Orzaize. Pregunté por unas casas que quería localizar. En la primera de ellas, Sastriarena, de fachada más que aparente, el dueño me dijo dónde estaba otra (Esponda), aunque no sabía en cuál figura la inscripción "Orhoit hilcia" (acuérdate de que tienes que morir). Cuando le dije que iba a hacer una foto de la casa me dijo que no, que no quería. Vaya corte.
Cuando ya estaba saliendo del pueblo, vi la inscripción anterior pintada en una casa (Etcheverria) junto a la carretera.

Ossés, iglesia y frontón
Ossés, iglesia y frontón (22kb)
Ossés, casa Sastriarena
Ossés, casa Sastriarena (35kb)
Ossés, casa Etcheverria, inscripción 'orhoit hilcia'
Ossés, casa Etcheverria, inscripción 'orhoit hilcia' (24kb)

Entre Pont Noblia y Louhossoa, entre los puntos kilométricos 39 y 38 de esa carretera (la D-918, que va de Saint-Jean-de-Luz a Saint-Jean-Pied-de-Port), reconocí al otro lado del río el acceso a un curioso puente colgante de madera que visité el año pasado. Ya sabía que desde este otro lado era inaccesible, pero me acerqué a inspeccionar el terreno. Pasé junto a una casa, me llevé un buen susto cuando un perro salió de repente de una caseta junto a la que estaba pasando en ese momento, crucé un puente sobre la vía del tren y divisé el puente de madera allá abajo.

Louhossoa, puente de madera
Louhossoa, puente de madera (60kb)

Hay otro puente de madera, más sólido y por el que podían pasar vehículos hasta no hace mucho (creo), pero su uso está ahora reservado a peatones, ciclistas y similares. Aunque está a unos kilómetros del anterior, el acceso desde la carretera D-918 arranca a solo unos cientos de metros. Un cartel avisaba de su cierre al tráfico y de la distancia a la que se encuentra: 2,7 km.

En ambos casos, lo que espera al otro lado del río es la carretera que va de Bidarrai a Itxassou pasando por el barrio de Laxia y el "Pas de Roland".

Tenía apuntadas entre las cosas para ver la casa Kalonyarénéa, en Louhossoa, aunque no sabía el motivo. Pregunté por ella en un bar y la chica le puso interés al asunto: miró en lo que parecía un listín telefónico, llamó a alguien, miró alguna otra cosa y me dijo que esperara un par de minutos. Salí fuera y al poco salió ella, dibujó en un papel un croquis y me lo dio. Muy bien por la chica.

Louhossoa
Louhossoa (30kb)

La casa resultó ser la misma junto a la que había dejado la bici unos minutos antes para ir a mirar lo del puente de madera. Sin comentarios. Al menos, aproveché para saludar a un matrimonio mayor que me confirmó que se trataba de ella.

Estuve tentado de ir de Itxassou a Ezpeleta por una carretera secundaria que recorrí una vez en coche y de noche, pero acabé dejándolo para mejor ocasión.

Me desvié un momento a Zuraide para preguntar por la ubicación de las ruinas del priorato de Sainte Madeleine d'Otsanz. El primero al que pregunté, un señor mayor, me dijo que está en el bosque de Senpere y que hay un camino o carretera que conduce a ella.

Tras subir y bajar el corto col de Pinodieta, me presenté en Ainhoa, oficialmente uno de los pueblos más bonitos de Francia. Lo encontré invadido por los turistas. Quería subir a una ermita, la de Aubépine o de Arantza, en el collado de Atxulegi, junto a la que hay un calvario y una colección de estelas discoidales. El itinerario coincide con un tramo del sendero de largo recorrido GR-10, el que va a lo largo de los Pirineos de costa a costa. Había leído que son unos 2 km. Un letrero indicaba que la ascensión a la ermita supone unos 45 minutos de marcha... Menos mal que pude hacer en bici casi un kilómetro, hasta que se acaba el asfalto (casi mejor, porque aquello empezaba a parecer de categoría especial). Después, calor, polvo cada vez que pasaba algún coche y dudas sobre si quedaría mucho.
Valió la pena subir, las vistas son una gozada y el lugar es bonito.

Ainhoa y Larrun desde la ermita d'Aubepine
Ainhoa y Larrun desde la ermita d'Aubepine (34kb)
Ainhoa, ermita d'Aubepine
Ainhoa, ermita d'Aubepine (39kb)
Ainhoa, calvario
Ainhoa, calvario (24kb)

De nuevo en Ainhoa, me tomé mi tiempo para recorrer con calma la calle principal del pueblo con sus casas del XVII.

Ainhoa, iglesia y frontón
Ainhoa, iglesia y frontón (25kb)
Ainhoa, calle principal
Ainhoa, calle principal (30kb)

La siguiente parada fue en Dancharia/Dantxarinea, barrio de Ainhoa. Aunque el presupuesto kilométrico se me había estirado algo más de lo normal, iba bien de tiempo. Quería averiguar un par de cosas antes de dirigirme hacia el puerto de Otsondo e ir terminando la excursión.
Aún no sabía lo que me esperaba en Dancharia...

En un documental de EITB de la serie "Rutas por Euskal-Herria" hablaban de la que fue la primera casa de Dantxarinea, la de Juan de Quirno, pescador de ballenas que bailó en San Juan de Luz ante el Duque de Anjou cuando éste pasó por allí camino de Madrid para ser coronado rey como Felipe V. Supuestamente, ese hecho fue el que dio nombre al barrio (dantzari significa bailarín).
Pregunté a los empleados de una gasolinera, pero no sabían nada de la casa y tampoco del puente del Diablo, que debe de estar por las cercanías y por el que, según la citada serie documental, entraron en España las partidas carlistas en cada una de las guerras del mismo nombre. Me dijeron que preguntara en la venta de Juan Félix, a 100 metros, que esos llevan toda la vida ahí y seguramente lo sabrían. En la venta (a "unos cuantos" más de los 100 metros que me habían dicho) se repitió la historia: ni idea, ni de lo uno ni de lo otro.

Vuelta a la frontera. Dejé estar un momento lo de la casa y me puse a buscar el puente, que suponía en algún punto de la carretera que va a Senpere. Así fue, lo reconocí al acercarme y me aproximé al río para tener una perspectiva similar a la de las imágenes del documental.

Bosque de Senpere, puente del Diablo
Bosque de Senpere, puente del Diablo (56kb)

Por si acaso, pregunté a un matrimonio que estaba introduciendo en su vehículo a un bebé de pocos días. El hombre me dijo que el puente está en otro lugar, cerca de Senpere. Misterio. Tendré que volver otro día para dar una batida en ese bosque y aclarar lo del puente y lo del priorato por el que pregunté en Zuraide.

Otra vez en la frontera, decidí preguntar en el lado francés por la casa del dantzari para dar por concluidas por ese día las investigaciones y poder marcharme tranquilo.
Una mujer que estaba a punto de montar en un coche con un chico me dijo en un más que correcto español dónde estaba la casa que buscaba. La jugada fue que, por lo visto, el que indagó sobre ese asunto del ballenero-bailarín fue el abuelo de esa mujer. Todavía me contó unas cuantas cosas más antes de marcharse. Yo ya me iba a ir, pero su madre, que también estaba allí para desperdirles, me preguntó si quería saber alguna cosa más. Le dije que no, que su hija ya que había aclarado cuanto quería saber y más; pero entonces se asomó a una ventana una hermana suya, la otra le contó en francés lo de mi interés por la historia del bailarín y la de la ventana me dijo que pasara al jardín, que ya me iba a explicar cuanto quisiera. El caso es que al poco me vi sentado en un banco del jardín, en un entorno muy agradable. Mientras la de la ventana bajaba, cosa que hizo con un libro de su padre, su hermana me suministró agua ("¿la quiere fresca, del frigorífico, o natural? ¿no quiere alguna otra cosa, como zumo de manzana?"). La que bajó con el libro, de ochenta y pico años, según dijo, y que debió de ser bastante guapa, me habló en un español tan correcto como el de su hermana y el de su sobrina, y me ofreció una versión ampliada de lo que me había contado esta última.

La casa está junto al "Chemin Martin Elso", que es como se llamaba su padre.

Dancharia, calle Martin Elso
Dancharia, calle Martin Elso (34kb)

Me leyó, traduciéndolo, un fragmento del libro "Ainhoa" en el que su padre se refiere a la figura de Juan Quirno, el ballenero. Cuando el Duque de Anjou (nieto de Luis XIV) estuvo en San Juan de Luz del 19 al 22 de enero de 1701, Quirno y otros bailaron ante él varias veces. Como la casa de Quirno fue la primera que hubo en Dantxarinea, Elso supone que el nombre del barrio proviene de aquellos bailes.
Otro dato que respaldaría lo anterior es que en la lápida de la tumba de Juan Quirno pone "Sepultura dancariarenecoa Quirno", tal y como pude comprobar después, pues la lápida la tienen en el jardín. La explicación es que Martín Elso la vio en el cementerio, medio abandonada y con riesgo de acabar rota, pidió permiso para llevársela, se lo concedieron y se la trajo. Tal y como dijo la mujer, esa era la mejor hora para verla, porque es cuando le da el sol.

Dancharia, lápida de Juan Quirno
Dancharia, lápida de Juan Quirno (77kb)

Está al lado de un hermoso roble ("magnifique") que proviene de una bellota del árbol de Gernika y que, tras prosperar en una maceta, siguió haciéndolo en otro lugar del jardín antes de acabar donde ahora está. No tuvo tanta suerte un pino grande, hermano de otro que todavía sigue en pie, que sucumbió hace un par de años ante un vendaval que arrasó con los pinos de la región de las Landas.

Por lo que dijo la mujer, se han acercado por allí argentinos con el apellido Quirno en busca de sus orígenes. Parece que ese apellido representa un misterio respecto a su procedencia. Como los papeles de Ainhoa se perdieron en un incendio (creo que dijo), no es posible rastrear su pista genealógica.
Los Elso están emparentados con los Quirno porque el abuelo, Martín José Elso, se casó con Graciosa Oiarzabal Quirno.
Tras la supresión de la frontera el barrio perdió protagonismo y actividad. A diferencia de años atrás, cuando había unas pocas ventas en el lado español, ahora hay demasiadas, han desaparecido las casas originales y los franceses van allí a comprar alcohol y tabaco. Según su hija, menos mal que su padre no vio ese cambio porque le habría resultado muy doloroso.

Ella aún recuerda la impresión que le causaron los soldados alemanes cuando llegaron al pueblo durante la Segunda Guerra Mundial. Tenía 13 años y le impactó la visión de los uniformes, las insignias de los SS, los cascos, las armas, algunos llevaban ramas de camuflaje. Lo primero que hicieron fue izar su bandera. Hacían ejercicio, maniobras, etc. Estuvieron cuatro años ocupando Francia.

En tiempos del contrabando, casi se trabajaba más de noche que de día... Más de una vez, llamaron a la puerta de su casa de noche: eran contrabandistas que les pedían que apagaran las luces de la casa para evitar ser detectados por los agentes del puesto fronterizo cuando ellos pasaran.

La pareja imperial formada por Napoleón III y Eugenia de Montijo pasó muchos veranos en Biarritz, en un edificio imponente que hoy es hotel, lo que puso a la ciudad de moda y atrajo a ella a numerosos aristócratas y personajes importantes. Con motivo del nacimiento de su primogénito, anunciaron que consideraban como ahijados a todos los niños y niñas nacidos en el país el mismo día que su hijo. Así, durante una de sus estancias en la región, que incluyó la ascensión al monte Larrun ("fue muy sonado aquello"), estuvieron en Sara y también en Ainhoa, y llegaron hasta esa casa porque una hermana del abuelo Martín José había nacido en tan señalado día. A la niña, que entonces tenía dos años, le dieron una moneda de oro. Una placa de piedra en una de las paredes de la casa recuerda la histórica visita. El hecho está documentado y me mostró una fotocopia del texto que lo acredita. Piensan enmarcarlo y presentarlo a la revista "Paris Match" para pedir que amplíen un artículo reciente (si mal no recuerdo) en el que se recordaban aquellos hechos y se mencionaba la visita de la pareja imperial a Sara, pero se omitía su presencia en Ainhoa.
La fotocopia la tienen en un mueble sobre el cual hay unas fotografías pequeñas del emperador y de su esposa.

También me mostró fotos de sus padres y pude conocer así al señor Elso, escritor (es lo que pone en el letrero con el nombre de la calle), historiador, pintor y, sobre todo, buena persona.
El interior de la casa, limpio, ordenado, con suelo y escaleras de madera, podría pasar por un museo y estaba en consonancia con el nivel mostrado por las dos hermanas, educadas, amables, cultas.

Tras cambiarse de calzado, me acompañó en busca de la casa de Quirno, la primera de Dantxarinea y que es la que me había llevado allí. Al lado hay otra casa con la misma inscripción en piedra (incluidas dos puntas de arpón), de mediados del XVII. Le comenté que la inscripción más antigua que he visto es la de una casa de Saint-Jean-Pied-de-Port (en la Rue de la Citadelle, a la derecha según se sube) que muestra en una madera de la fachada la fecha en que fue construida: "Año 1510". Se mostró interesada y afirmó que iría a verla cuando fuera a Saint-Jean.

Dancharia, casa de Juan Quirno
Dancharia, casa de Juan Quirno (35kb)

Semejante cúmulo de datos interesantes no me había impedido estar atento a la hora. No quería interrumpir la conversación para salir corriendo, pero había fijado las 20:00 como hora límite, y eso que saliendo a esa hora ya iba a andar apurado. Pues bien, un par de minutos antes estaba de nuevo montado en la bici sin necesidad de haber tenido que despedirme bruscamente de la buena señora.
Tenía prisa, pero ya no las fuerzas necesarias para ir deprisa. Hice lo que pude subiendo el puerto de Otsondo al tiempo que veía cómo el sol se iba ocultando y lamentando simultáneamente no estar en las mejores condiciones para disfrutar de un puerto tan bonito. Había pasado una vez en bici en sentido contrario y alguna que otra en coche, y espero volver a subir por ese lado en bici con más calma. Menos mal que, además de bonito, es fácil y llegué arriba todavía con luz. Pasé frío bajando, pero no quise perder tiempo parando para ponerme ropa porque aquello se estaba transformando peligrosamente de atardecer en anochecer. Llegué al coche con las manos heladas, pero muy aliviado.

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