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Burguete - Arnegi - Arnostegi - Azpegi - Aribe - Burguete
23-06-2010
(mapa)
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Después de una larga racha de mal tiempo, anunciaron bueno para el día 23, víspera de San Juan. Como, por una parte, quería subir con la bici el col de Beillurti y, por otra, había leído que en Burguete mantenían una tradición curiosa en la noche de San Juan, lo tuve fácil para decidir dónde empezar la excursión y a dónde ir.
Parte del recorrido iba a ser repetición de otra salida que hice en 2006, en sentido contrario, y en la que me caí y me averié una mano.

Lo primero que hice cuando me puse en marcha en Burguete fue preguntar por la hora en que se encendía la hoguera. Una mujer me dijo que creía que a las 23 h., pero que esperara un momento, que iba a mirarlo en el programa de fiestas (es que también eran las fiestas del pueblo). Salió con él en la mano y vimos que la cosa empezaba a medianoche. O sea, que tenía todo el tiempo del mundo para andar por ahí con la bici sin prisa.

Una vez más, recorrí en estado semi-extático el tramo de carretera que va de Burguete a Roncesvalles.
A aquella hora no se veía mucho movimiento de peregrinos, se ve que los que habían hecho noche en la colegiata ya se habían marchado.
Entré en la iglesia. No había nadie. Luego llegó una pareja, echaron un euro para encender las luces, estuvieron un momento y se marcharon. Aproveché para hacer unas fotos.

Roncesvalles
Roncesvalles (47kb)
Roncesvalles, interior de la iglesia
Roncesvalles, interior de la iglesia (34kb)

Me acordé de una frase que empieza "La puerta se abre a todos..." y que creía que se trataba de una inscripción que hay en Roncesvalles. Pregunté a las chicas que estaban en la tienda de recuerdos, junto a la entrada del claustro, pero no sabían. Me sugirieron que preguntara en la oficina de Turismo, que es lo mismo que había pensado yo. Allí, la chica me dijo si la frase en cuestión ("La puerta se abre a todos, enfermos y sanos, no solo a católicos sino aun a paganos, a judíos y a herejes, ociosos y vanos, y más brevemente a buenos y profanos") no forma parte, más bien, de la "Preciosa", poema del siglo XIII.
La moza era de Burguete y lamentaba no poder asistir esa noche a las hogueras porque le había surgido un contratiempo. Dijo "hogueras" porque encienden cinco, alternándolas con el baile del trébole, cuya ejecución está reservada a los chicos ("es que si no lo digo reviento").

Otra parada en el alto de Ibañeta. Andaba por allí un hombre, subiendo hasta el monumento a Roldán, que había dejado aparcado el coche, un Mercedes, junto a la ermita.

Lo pasé muy bien bajando Ibañeta, sin ninguna prisa. Antes de llegar a Valcarlos, cogí un desvío a mano derecha para bajar al barrio de Gañekoleta. Poco antes me había adelantado el del Mercedes de Ibañeta, al que volví a ver al cruzarnos según llegaba yo a ese barrio. Aquello parece estar en el fin del mundo, allá abajo, pero pasan por él los peregrinos que deciden llegar a Roncesvalles por Valcarlos en lugar de hacerlo por las alturas del collado de Lepoeder. De hecho, me pareció tan bonito el sendero del Camino que sale de Gañekoleta que lo seguí durante un rato.

Gañekoleta
Gañekoleta (49kb)
Gañekoleta, camino a Ibañeta
Gañekoleta, camino a Ibañeta (57kb)

En Arnegi, cómo no, también andaba el del Mercedes haciendo fotos.

A partir de allí comenzaba la parte más exigente del recorrido: la ascensión al col de Arnostegi pasando por el de Beillurti. Me parecía muy bien que lo más duro estuviera al principio, en el primer kilómetro.
En ello estaba, pasándolo no muy bien, cuando apareció por detrás el coche de "La Poste". Me arrimé lo que pude a la derecha para que pasara la cartero y la escasa velocidad a la que iba, unida a un trozo de madera que traté de evitar, me desequilibró lo suficiente como para acabar metiéndome en la hierba y teniendo que parar.
Hice un intento, evidentemente inútil, de retomar la marcha en plena rampa, y acabé retrocediendo una decena de metros para reintentarlo, esta vez con éxito, desde una pequeña explanada llana junto a un caserío. No sé cuánto habría tenido que descender de no estar allí ese caserío. O eso o subir a pie un poco.

Durante el resto de la ascensión fui notando que empezaba a hacer calor.

Llegué a Beillurti bastante perjudicado, que dicen algunos, y paré un rato para contemplar a distancia unos altos que hay junto a la carretera que sube de Saint-Jean-Pied-de-Port, pues en alguno de ellos deberían de ubicarse las ruinas de una antigua fortificación, el château Pignon. Mientras me hacía la composición de lugar, también vi a un grupo de cicloturistas junto a la carretera que baja a Arnegi por Ondarolle.

Château Pignon desde Beillurti
Château Pignon desde Beillurti (27kb)

Un rato después, llegado al col de Elursaro, tiré hacia la ciudad arriba citada en lugar de continuar hacia Arnostegi, dejé la bici y comencé a subir el alto que más pinta tenía de ser el de "l'ancienne redoute de château Pignon". Efectivamente, aparte del montón de piedras que hay rodeando la cima todavía se pueden ver las líneas que seguían los muros de la fortaleza.

Château Pignon, vistas
Château Pignon, vistas (35kb)
Château Pignon, yeguas
Château Pignon, yeguas (32kb)

Bajando a la carretera, me acerqué a un grupo de yeguas entre las que había algunos potros, como uno que no tendría más que unos días o semanas. La madre hizo un par de gestos como diciendo que allí sobraba alguien, así que hice una foto y seguí bajando.
Por si acaso, subí al alto que hay a continuación, pero no encontré ningún indicio de que hubiera albergado construcción alguna.
(Posteriormente, me he enterado de que cerca se encuentran las ruinas de otro recinto fortificado, mucho más antiguo, protohistórico, el de Zerkupe. Para otro día.)

De nuevo en bici, pero por poco tiempo, porque paré en el punto en el que el Camino se aparta de la carretera para dirigirse hacia el col de Bentartea.

Leitzarateka
Leitzarateka (26kb)

Vi que me quedaba poca agua y no recordaba que hubiera fuentes ni en Arnostegi ni en los lugares que pensaba visitar a continuación.
A grandes males, grandes remedios. Cogí la botella (que no bidón, de litro) y eché a andar hacia Bentartea para coger agua en la fuente de Roldán. Nada mejor para recordar mi paso por allí como peregrino diez años atrás, con la mochila reglamentaria y luchando contra un viento fortísimo.
Pregunté a unos senderistas con los que me crucé si había agua en la fuente: "très bonne, très fraîche". Pues muy bien.
Una vez allí, saludé a tres peregrinos que estaban descansando y cogiendo agua y, al rato, a otra a la que había visto al llegar a Elursaro, a la que había adelantado de camino hacia la fuente y con la que me cruzaba ahora de vuelta a la carretera. Se veía que la mujer iba haciendo bastantes paradas para recuperarse de la fuerte subida desde Saint-Jean-P-P.

Llegando a la fuente de Roldán
Llegando a la fuente de Roldán (38kb)
Camino a Bentartea
Camino a Bentartea (37kb)

Más tranquilo con la botella llena (la alternativa habría sido acabar sirviendo de pasto a los buitres), seguí hacia Arnostegi. Nueva parada. Había leído que, siguiendo el camino que lleva a Azpegi, se pasa junto a las ruinas de un fortín carlista, además de haber un dolmen y un cromlech. Localicé los dos últimos en el collado de Soroluze, pero ni rastro de lo que queda del fortín.

Azpegi desde Soroluze
Azpegi desde Soroluze (29kb)

Como desde allí ya se veía el col de Azpegi, por donde tenía que pasar más tarde, di media vuelta o casi, porque en lugar de regresar a Arnostegi para subir desde allí a la torre de Urkulu, empecé a subir en diagonal desde Soroluze.

Urkulu desde Soroluze
Urkulu desde Soroluze (33kb)

Para cuando enlacé con el sendero que sube derecho desde el collado ya estaba bastante arriba. Una señora que bajaba me miró como si me hubiera extraviado. Es que iba con casco y todo, para que el sol no me achicharrara la calva.

Urkulu
Urkulu (34kb)

Parece que no está del todo clara la finalidad con la que los Romanos levantaron esa torre en semejante lugar. Siempre está bien visitar (o volver a hacerlo) algo así.

Arnostegi desde Urkulu
Arnostegi desde Urkulu (26kb)
Urkulu
Urkulu (27kb)

De nuevo en Arnostegi para recoger la bici y continuar con ella hacia otro col, el de Orgambide, primero llaneando (siguiendo la enorme curva que comienza en el desvío hacia Bentartea y que termina poco antes del acceso a la cabaña de Urkulu) y después bajando con bastante pendiente.

Col de Orgambide
Col de Orgambide (27kb)

Dos veces he subido ese puerto por ese lado, por la vertiente que asciende desde Esterenzubi, y en ambas me pareció un puerto extraordinariamente bonito, compensa con mucho su dureza.
Y así, disfrutando, llegué a Orgambide, con sus caballitos, su cromlech con pinta de ser artificial y sus vistas del valle que conduce a Saint-Jean-P.P.

Mi siguiente parada fue uno de esos lugares especiales que da igual conocerlos ya y haberlos visto varias veces en documentales, porque siguen impresionando. La cueva de Harpea es un sitio al que habría que ir por lo menos una vez en la vida.

Cueva de Harpea
Cueva de Harpea (33kb)
Harpea, cabaña del pastor
Harpea, cabaña del pastor (55kb)
Harpea
Harpea (56kb)

Esta vez conocí al pastor que acude allí en verano (desde junio hasta mediados de octubre). Estaba con sus dos perros. Uno de ellos, sociable; el otro no me miraba con buenos ojos y me siguió hasta la cueva sin dejar de ladrar.
El hombre estaba esperando a que vinieran sus ovejas, no necesita ir a buscarlas al atardecer. Son su entretenimiento ahora que es mayor.
Le comenté que había visto la cueva (y la cabaña que él utiliza) en una película ("El azul del mar") de la que sólo vi un fragmento, pocos meses después de haber estado allí por primera vez. Me dijo que precisamente donde estábamos hablando había muerto (cinematográficamente, se entiende) la madre de la protagonista de la película y que cuando terminaron de rodar ésta y sus participantes recogieron sus cosas y se marcharon dejaron abierta la cabaña. Total, cuando él volvió faltaban muchas cosas suyas.

Harpea, cabaña del pastor
Harpea, cabaña del pastor (47kb)

Me despedí diciéndole que igual volveríamos a vernos en otra ocasión. No pareció muy convencido, la edad...

Harpea, entorno
Harpea, entorno (23kb)

Lo único negativo que tiene ir a Harpea con la bici es que hay que bajar durante más de 1,5 km. por una carretera estrecha, con una pendiente respetable y en bastante peor estado de como la recordaba, con bastante gravilla y unos cuantos baches. Y luego subirla para regresar a Orgambide, donde cogí la pista de cemento (después asfaltada) que conduce a Azpegi.

No vi a nadie hasta llegar a la Fábrica de Orbaitzeta. Poco antes, pasé sin novedad sobre el paso canadiense del que tenía mal recuerdo desde 2006. Hasta que no lo crucé estuve con una sensación rara, como si hubiera algún hombre malo en el bosque acechándome.

En la Fábrica, han desbrozado las ruinas de lo que fue la Real Fábrica de Armas propiamente dicha y aquello parece otra cosa.
Un abuelo, feliz de la vida con sus dos nietos, me comentó que la idea es asegurar los muros que quedan en pie para evitar que puedan caer piedras y, una vez aquello en condiciones, poder abrirlo a las visitas; pero ahora mismo no hay dinero.

Fábrica de Orbaitzeta
Fábrica de Orbaitzeta (48kb)

Me dejé llevar por el viento hasta llegar a Aribe y llegué de vuelta a Burguete cerca de las 21 h., alegrándome de que fuera el día más largo del año.
Junto a mi coche había ahora un Mercedes... pero no el del hombre de la mañana sino de un matrimonio que apareció al rato y se fue en él.

Hice tiempo comiendo algo y escuchando la radio para saber qué había pasado en la jornada del Mundial de Suráfrica, antes de dar una vuelta de reconocimiento por el pueblo.
Pasando por lo que debe de ser la parte más nueva, con casas unifamiliares, viendo luz en su interior, sin nadie en la calle, me daba la impresión de que el mundo estaba en orden y que la gente vivía en paz en el interior de sus hogares.

No vi en ninguna parte preparativos para hoguera alguna.
En la plaza habían instalado un pequeño escenario. Enfrente del mismo, un individuo andaba haciendo pruebas de sonido para que luego funcionara todo bien. Se ve que a nuestro hombre le iba la música heavy, porque eso es lo que tenía puesto mientras hacía sus pruebas. Un asco.

Ya cerca de la medianoche, pregunté y me dijeron dónde se hacía la primera hoguera. Cuando llegué al lugar indicado no vi ni rastro de maderas a las que pegar fuego, aunque sí unas sillas alineadas junto a una pared. Al menos, sí que había gente esperando, la inmensa mayoría niños y adolescentes. Poco a poco, fue llegando más gente. Por fin, el ruido de una charanga que se acercaba por la calle, con un buen grupo de gente detrás.
Pues ya estaba todo listo, pero no para la hoguera sino para la primera parte de la danza del trébole (o "tribuli", como ponía en el programa de fiestas).
A la música de "Al pasar el trébole, el trébole, el trébole, al pasar el trébole la noche de San Juan", tocada por la charanga, una serie de jóvenes interpretaron individualmente (salvo en un caso, en que actuaron dos a la vez) unos pasos sencillos de baile, con saludo previo y posterior a los principales del pueblo, que se habían sentado en las sillas. Aplausos, buen ambiente y cambio de escenario para ir a la primera hoguera. Resulta que la habían encendido en un santiamén en esa misma calle, a unos metros de distancia, utilizando palés, barquetas de fruta y alguna que otra silla. Cuando el fuego estaba en su apogeo empezaron a saltar los mozos. Como lo hacían desde el punto opuesto a aquel en que me encontraba yo, cuando saltó el primero vi venir hacia mí una silueta que parecía surgir del fuego. Espectacular.

Burguete, hoguera de San Juan
Burguete, hoguera de San Juan (20kb)

A medida que las llamas disminuían añadían más barquetas y ya está, hasta que dejaron que el fuego bajara lo suficiente como para que empezaran a saltar los chavales. Después, todo el que quisiera, aunque la charanga y buena parte de la gente ya se habían ido al siguiente punto de baile, en la calle principal del pueblo. Cumplí con el ritual del salto y, como tampoco era cuestión de pasarme la noche allí, puse rumbo a Vitoria con escala en Zubiri, donde me paró la Guardia Civil en un control durante un rato que se me hizo largo.

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