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San Vicente de Arana

03-05-2010
(mapa)
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El tres de mayo se celebra en San Vicente de Arana (Álava) el "levantamiento del mayo". Me enteré de ello hace un lustro, cuando pasé por allí con la bici. Lo apunté para ir a verlo algún año. Hasta éste.

Me acordé la víspera. Busqué en Internet información sobre la hora en que se realiza el acto, pero no encontré ese dato. Como tenía algunas cosas que hacer a primera hora no salí de Vitoria hasta las 11 de la mañana de un día lluvioso y más bien frío.

Me gustó mucho la carretera que pasa por Sabando, más que nada por lo verde que estaba todo, sobre todo los bosques, por la reciente lluvia.
En San Vicente de Arana me enteré de que lo del mayo se celebraba por la tarde, a una hora sin determinar. Los encargados de ir a por el árbol estaban en el monte, cortándolo y preparándolo para bajarlo al pueblo.

Como llevaba un par de planes B, elegí uno de ellos y retrocedí hasta Cicujano, desde donde seguí una carretera también conocida hasta Musitu.
El tiempo justo para cambiarme de ropa y de calzado y me puse en marcha hacia el barranco de Igoroin, en un paseo que presumía tranquilo y agradable.

Pronto empezó a llover de nuevo, lo que me sirvió para "estrenar" un paraguas que recogí de la calle sin mango con la idea de hacerle unos apaños y dedicarlo, precisamente, a las excursiones por el monte.

Entre Musitu y las ruinas de Igoroin
Entre Musitu y las ruinas de Igoroin (48kb)

Diversos cambios en uno de los puntos del recorrido hicieron que su apariencia fuera distinta de la descrita por unas notas que llevaba. El resultado fue que me despisté de mala manera.
Al menos, encontré algún que otro rincón que me gustó mucho gracias a que me metí a curiosear por un par de sendas que se apartaban del camino principal.

Barranco de Igoroin, arroyo
Barranco de Igoroin, arroyo (65kb)
Barranco de Igoroin
Barranco de Igoroin (61kb)
Barranco de Igoroin, cascada
Barranco de Igoroin, cascada (50kb)

Subiendo y subiendo, avisté un pueblo que resultó ser Roitegui (el más alto de la provincia, junto a Onraita). Llegué al mismo por carretera, empujado por un viento frío que soplaba con bastante fuerza y que, lamentablemente, empujaba horizontalmente la abundante lluvia que caía en esos momentos. El resultado fue que los pantalones acabaron empapados.

Roitegui y barranco de Igoroin
Roitegui y barranco de Igoroin (35kb)

Busqué dónde refugiarme en el pueblo y localicé un edificio con la puerta abierta y que debe de ser el lugar de reunión del grupo o club "Bitigarra Racing", según deduje por lo que vi dentro. Se ve que son aficionados al motocross.

Roitegui, Bitigarra Racing
Roitegui, Bitigarra Racing (21kb)

Repasando los apuntes que llevaba, comprendí que había ido por el itinerario de regreso. Ya tendría ocasión de comprobarlo a la vuelta, porque a la vista del tiempo no me quedaron ganas de hacerlo por donde tendría que haber ido. Es que la lluvia se iba alternando con la nieve y el viento acompañaba a ambas de forma entusiasta.

Como aquello no llevaba trazas de amainar, acabé saliendo con el paraguas por delante, a modo de escudo, mirando por encima del mismo. Confiaba en que el viento me dejara tranquilo al alcanzar la cabecera del barranco, como así fue. Los poco más de cinco minutos que me llevó llegar allí fueron suficientes para que se me quedaran las manos insensibles por el frío. Que siguiera lloviendo me daba igual, salvo cuando me metí por un par de senderillos que no había investigado al subir. La vegetación, más o menos cerrada en algunos puntos, hacía que me pusiera perdido de agua. Pero vi lugares bonitos, que es de lo que se trataba.

Barranco de Igoroin
Barranco de Igoroin (66kb)

En las inmediaciones del desaparecido poblado de Igoroin terminé de aclararme del todo y pude ver parte de las ruinas, lo poco que parece quedar todavía.
Al poco, otras ruinas: las del molino de Igoroin, último testimonio de la importancia que tuvo en el lugar la industria harinera. Me pareció un sitio bucólico.
Y vuelta a llover, que había parado un rato pero volvía a las andadas.

Ruinas de Igoroin
Ruinas de Igoroin (68kb)
Ruinas del molino de Igoroin
Ruinas del molino de Igoroin (63kb)

De regreso a Musitu, aparecieron dos perros que se me hicieron conocidos por haberlos visto (y haberme ladrado) cuando llegué. Esperé un poco y apareció tras ellos su dueña, a la que también había saludado cuando me ponía en marcha. Capicúa.

Musitu
Musitu (26kb)

A los ladridos se sumaron otros dos perros tras la puerta de la verja de una bonita casa de madera. Enseguida, echaron a correr hacia la casa. La gracia estaba en que reaparecían en la calle por otra puerta que había más adelante. Nos hicimos amigos.

Nuevo cambio de ropa y de calzado y vuelta a San Vicente, a ver cómo marchaba la cosa.

San Vicente de Arana
San Vicente de Arana (19kb)

Llegué hacia las 18:15 y sólo había dos hombres, los hermanos Pérez de Leceta, además de otro turista de un pueblo cercano. Los dos hermanos son los que se encargan de ese asunto desde hace años y estaban ultimando los preparativos del mayo. Habían cortado una haya en el monte Bitigarra, le habían quitado las ramas y la corteza y habían bajado el tronco así listo (el mayo) con el tractor.
En ese momento, Vicente (uno de los dos hermanos) estaba haciendo en el tronco y con ayuda de un formón un hueco con forma de cruz para introducir en él la cera que tenía que traer el cura.
Luego, clavaron la veleta; después, unas aspas y otros elementos; por último, le ataron unas sogas.

Los hermanos Pérez de Leceta preparando el mayo
Los hermanos Pérez de Leceta preparando el mayo (36kb)

Fui un momento al coche a dejar el paraguas, víctima de un golpe de viento que retorció una varilla, y a ponerme parte de la ropa que había utilizado unas horas antes, porque allí no se podía parar quieto.
El siguiente paso fue un tanto obligado: los cuatro a refugiarnos en un pequeño edificio que había al lado. La lluvia, unida al viento y al frío, dejaba el panorama bastante sombrío. Si no se podía levantar el mayo ese día se haría al siguiente.
La jugada consistía en que dejara de llover y de que lo hiciera con trazas de que la tregua fuera a durar lo suficiente como para que Vicente fuera a repicar las campanas (con un toque especial), la gente lo oyera y acudiera al lugar acostumbrado (junto a la ermita que sube a la ermita de Santa Teodosia) para poder llevar a cabo el acto como todos los años.

La espera sirvió para seguir escuchando historias.
Según Vicente, el rito del mayo se viene haciendo desde siempre, antes de nacer él (de 76 años) ya se hacía. Y parece que funciona, porque no recuerda que haya caído pedrisco en todos estos años, pues esa es la finalidad del mayo.
Antiguamente, cuando se labraban los campos con yuntas de bueyes, el mayo se subastaba tras derribarlo el 14 de septiembre. Lo de derribarlo esa fecha también se mantiene; lo de la venta, no.
La veleta del mayo no es ningún adorno (al menos antes no lo era). Servía para conocer la dirección del viento a la hora de aventar el trigo para separar el grano de la paja.
Algún año hubo que tuvieron serios problemas para subir con el tractor al monte por culpa de la nieve.
San Vicente tiene unos 80 habitantes y suficientes niños como para darle vida, a diferencia de otros pueblos del valle, como Alda, Ullivarri-Arana o Contrasta.
Él era monaguillo de pequeño y llevaba los santos óleos acompañando al cura a administrar la extrema unción a los enfermos. En ese rito, el cura formulaba unas preguntas al moribundo. Al salir, los familiares y amigos que esperaban fuera de la habitación le preguntaban al chaval por las respuestas del enfermo y por cómo lo había encontrado.

El caso es que la tormenta dio un respiro y empezó a llegar la gente, incluidos tres trikitilaris (dos con trikitixas y uno con pandero) que bastante tenían con intentar tocar sin que las manos se les quedaran tiesas en el intento.

Más de uno se interesaba por la longitud del mayo de este año: 18,5 metros. Iba a ser algo más largo, pero, tras talarlo, le habían tenido que cortar un par de metros para poder sacarlo de donde había caído. "Más ligero", decían.

Por lo visto, con el paso de los meses y el calor del verano, el mayo se va encorvando.
Finalmente, se procedió a su bendición por parte del cura, unos cuantos besaron la cruz de cera y comenzó el proceso de izado. Cosa de ver.

San Vicente de Arana, bendiciendo el mayo
San Vicente de Arana, bendiciendo el mayo (34kb)

A la voz de "¡arriba, mayo!" a cargo de Vicente el tronco se elevaba cada vez un poco más gracias a los que empujaban desde debajo del mismo y a los que tiraban de las sogas a distancia. Entre tirón y tirón, ponían unas maderas cruzadas para que el peso del tronco recayera sobre ellas.

San Vicente de Arana, levantando el mayo
San Vicente de Arana, levantando el mayo (21kb)

Una vez en posición vertical, procedieron a calzarlo con unas piezas de madera y a quitar las sogas. En ello estaban cuando se desató un chaparrón violentísimo que provocó un desfile de gorros volando a ras de suelo y paraguas volteados. Las gotas de agua pinchaban en la cara. Algo dijeron algunos acerca de unas cintas que faltaban por colocar; pero el horno no estaba para bollos y el personal se dispersó como buenamente pudo, bien refugiándose en sus coches bien corriendo hacia el pueblo.

San Vicente de Arana, el mayo levantado
San Vicente de Arana, el mayo levantado (21kb)

Por los pelos, pero había dado el tiempo justo para hacer lo principal. A saber qué habría pasado si aquello se desata con el mayo a medio levantar.

De nuevo mojado, pero contento, inicié el regreso a Vitoria mientras veía nevar en la carretera que sube de Maeztu a Iturrieta.

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