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Zeanuri - Iondogorta - Zeanuri - Barazar - Zeanuri
29-10-2009
(mapa)
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Antes de que terminaran unos días de buen tiempo que estaba haciendo, me animé a acercarme a Zeanuri para probar fortuna en una subida muy dura.

El día empezó mal. Al ir a coger el coche, en Vitoria, vi que algún descerebrado se había entretenido rompiendo el retrovisor derecho y arrancando a medias una de las placas de matrícula. No sé cuándo pudo ser, porque llevaba más de una semana sin tocar el coche.
Conseguí meter en su agujero la sujeción de la placa de matrícula que había quedado suelta, sujeté el retrovisor con cinta aislante y me puse en marcha.

En Zeanuri han ganado toneladas de calidad de vida desde que hicieron la variante que les evita soportar el tráfico de la N-240.

Salí con mucha calma, con todas las prevenciones del mundo, con un temor reverencial a lo que tenía por delante.
Hasta muy poco antes de que empezara lo serio me lo pasé muy bien con el paisaje, empezando por la carretera por la que se sale de Zeanuri, continuando con el recorrido junto al embalse de Undurraga y siguiendo con esas típicas estampas vizcaínas que tan buenos recuerdos me traen.

Paré llegando a Lanbreabe para hacer una foto y entonces noté que había pinchado. La causa había sido un trocito de cristal que seguía incrustado en la cubierta. Cambié relativamente pronto la cámara y me dispuse a afrontar la ascensión a Iondogorta y Arimegorta.

Lanbreabe
Lanbreabe (39kb)

Pronto comenzaron las emociones fuertes. La pista de hormigón estaba húmeda en la parte inicial y al atravesar un paso canadiense las ruedas parecían querer ir cada una por un lado. Poco después se pusieron de acuerdo, pero fue para patinar como desesperadas, sin avanzar nada. Resultado: pie a tierra... y apuros para mantenerme de pie, porque la combinación de hormigón, pendiente fuerte, agua, agujas de los pinos y una especie de barrillo era explosiva y aquello estaba bastante resbaladizo. Como vi que unos metros más arriba daba el sol y el hormigón estaba seco, subí hasta allí a pie y retomé la marcha tras varios intentos. Es que las ruedas se negaban a agarrarse al suelo. Parecía que estaba intentando arrancar una moto.

Sin mayores novedades fui subiendo, aproximándome a Iondogorta. Sabía que estaba cerca por las notas que llevaba en el manillar y por los datos del cuentakilómetros. En esto, apareció una rampa fuerte, como tantas otras que había dejado atrás; pero mitad húmeda, mitad seca. La miré con desconfianza, me devolvió la mirada y fui a por ella. Pasé la parte mojada y, al poco de estrenarme en la zona seca, se repitió la historia del primer kilómetro, sólo que de forma fulminante: una pedalada como otra cualquiera, las ruedas que patinan y, sin tiempo casi ni para pensarlo, vi que me estaba cayendo. Evité esto último, di media vuelta y bajé la rampa a pie y renegando. Aproveché la coyuntura para beber algo y comer un poco, y vuelta a intentarlo. Se repitieron los patinazos (unos cuatro), pero no me quedé parado en seco y pude llegar a Iondogorta.

Lo de la humedad en la pista ya lo advierte la página citada arriba (la de la altimetría de Iondogorta); pero es que se supone que llevábamos varios días de buen tiempo. Que en el primer kilómetro hubiera tramos húmedos en zonas sombrías es comprensible, que los hubiera bastante más arriba en zonas aparentemente más abiertas y sin arroyos a la vista no lo entendí, y menos teniendo en cuenta que eran alrededor de las 14:00.

Tras breve deliberación siguiendo el protocolo que se les atribuye a los Jesuitas (para tomar una decisión lo mejor es un número impar de personas, y tres son muchos...), di por bueno el intento de ascensión hasta allí. A fin de cuentas, yo no había ido a luchar contra los elementos.

Continué hacia Arimegorta. El que en la otra altimetría no se mencione este otro lugar debe tener su explicación en que la pista terminaba antes en Iondogorta y ahora lo hace más arriba.
Por cierto, la altimetría de Arimegorta incluye el ascenso al barrio de Ipiñaburu antes de bajar a Lanbreabe. Eso no lo hice yo, que me parecía que ya tenía bastante sin ese extra.

Me tenía intrigado eso de que "Los últimos 400m son de vértigo, con rampas que superan el 29%". Quería saber qué se siente (si un gozo inefable o el calor de las calderas de Pedro Botero), qué se oye (¿tambores de guerra? ¿campanas celestiales?) y qué se piensa (suponiendo que el encefalograma muestre movimiento en esas circunstancias).
Ahora ya lo sé. Cuando afronté la rampa que precede al aparcamiento la rueda delantera comenzó a saltar de alegría (imagino) y cuando tocaba tierra lo hacía apuntando a donde le daba la gana, mayormente hacia los laterales de la pista (rayada y, por ende, botosa en esa zona). Un desbarajuste total.
Ya puestos, las que se pusieron a patinar fueron las fuerzas y poco después estaba parado en medio de la tremenda cuesta.
"Menos mal" que todavía quedaba una prima-hermana suya algo más arriba, justo al final, porque me habría dado rabia no haber podido culminar la ascensión por sólo unos pocos metros.

Eso sí, aquello es bien bonito, con sus prados, sus caballitos, el casero que sube a su casa en un Land Rover de los de toda la vida, montes para dar y regalar...

Arimegorta
Arimegorta (43kb)

Sentado junto a una haya llegué a la conclusión de que, si vuelvo, tendrá que ser en BTT (no sé si también se les encabrita el manillar a partir de determinados porcentajes) y en verano, ya que regresar con veinte años menos puede resultar complicado.

Me hice una foto (a pesar de los pesares) en un cartel que lleva la firma de dos asiduos participantes en el foro de la página web de altimetrías que tan útil resulta a la hora de meterse en estos berenjenales.

Todavía me quedaba bajar. Como subir tiene su aliciente pero bajar cuestas así me pone de los nervios, empecé haciéndolo a pie. Al rato, montado ya en la bici, me fui animando... hasta que la rueda trasera mostró su afición a los derrapajes (tengo que cambiarle la cubierta), de modo que fui alternando un modo y otro según la pendiente fuera mayor o menor.
Paré un momento en Iondogorta y subí hasta un pequeño embalse, algo más arriba de un edificio con un par de bancos en el exterior y con pinta de que los que vayan allí en verano tienen que sentirse en la gloria.

Entre Iondogorta y Arimegorta
Entre Iondogorta y Arimegorta (27kb)
Iondogorta
Iondogorta (81kb)

En la misma rampa en la que había tenido que pararme por primera vez estuve a punto de caerme por un resbalón, y eso que iba a pie...

Lanbreabe, rampa resbaladiza
Lanbreabe, rampa resbaladiza (61kb)

Ya más tranquilo a partir del reencuentro con el asfalto en Lanbreabe, volví a Zeanuri.

Embalse de Undurraga
Embalse de Undurraga (20kb)
Zeanuri, monolito de 1777 y cruz
Zeanuri, monolito de 1777 y cruz (41kb)

De no haber comenzado la excursión allí es posible que nunca hubiera subido el puerto de Barazar porque lo asocio de inmediato a su mucho tráfico (incluidos bastantes camiones). Como no estaba para muchos trotes pero tenía tiempo y se trata de un puerto bastante asequible para allá fui.
Tuve suerte, casi todos los camiones que me adelantaron pudieron hacerlo sin problemas y dejando un margen suficiente al no encontrar tráfico en sentido contrario en ese momento.
Una vez arriba, recordando que en la página de la altimetría se menciona la existencia de un humedal en las cercanías, seguí la pista que hacia él conduce. Al principio asfaltada, luego es de hormigón y había zonas húmedas...
El sudor frío que noté tenía que ver más con la temperatura, que iba bajando, que con otra cosa, porque la pendiente es bastante suave.
Se pasa por un bosque de abetos (¿?) que me maravilló por el colorido que le daba el sol a esa hora.

Cerca del humedal de Saldropo
Cerca del humedal de Saldropo (46kb)

Hay unas cuantas zonas preparadas con mesas, bancos y demás, además de senderos señalizados. Bonito lugar.
Junto a un coche había un hombre. Me preguntó algo al pasar cerca de él. No le entendí y me acerqué. Quería saber si desde allí se puede ir a Ubidea pasando por un monte que se veía al fondo. Hablaba bajo, cada vez más, como si se tratara de algún secreto.
Di un par de vueltas cortas y regresé a Barazar pitando porque la luz disminuía rápidamente.

Saldropo
Saldropo (18kb)

Se ve que era por los montes del fondo, precisamente, tras los que se estaba ocultando el sol, porque fue salir de allí y de la zona de bosque y volver la luz como por arte de magia.

Entre Barazar y Saldropo, vistas
Entre Barazar y Saldropo, vistas (19kb)

Disfruté como un enano bajando a Zeanuri, recorrí algunas de sus calles y la plaza y volví al coche.

Zeanuri, plaza
Zeanuri, plaza (32kb)

De vuelta en Vitoria, tardé lo que no está escrito en encontrar dónde aparcar. Acababa de hacerlo cuando vi un coche con la matrícula delantera en el mismo estado en que había encontrado la mía. Como esa calle está relativamente cerca de donde había tenido mi coche los días previos, se deduce que el descerebrado fue dejando huellas de su paso de regreso a casa desde la discoteca de turno.

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