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Urepel - Roncesvalles - Aoiz - Erro - Sorogain - Urepel
14-10-2009
(mapa)
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Tres años atrás me había aventurado por una carretera que, desde Urepel, se dirige al collado de Burdinkurutch de camino hacia Lindus y el puerto de Ibañeta. En aquella ocasión acabé echando pie a tierra por ser la vertiente más dura de las varias que parten de Urepel y la bici que tenía entonces no tenía tercer plato. Días después volví, pregunté por alguna de las otras alternativas, subí por la que me indicaron y asunto cerrado. No me quedó ni siquiera la intención de volver a intentarlo por el lado tremendo.

Tras haber subido este año Artzamendi, hice las comparaciones oportunas entre las respectivas altimetrías (Artzamendi y Lindus), vi que el primero es más duro y decidí volver a Urepel todo envalentonado a limpiar el borrón del expediente.

Cuando llegué hacía un frescor que ni el de los limones del Caribe. Hice algo de tiempo en el coche a la espera de que el panorama mejorara.
Unos días antes habían celebrado allí la fiesta anual en recuerdo de su paisano el bertsolari Xalbador.

Me puse todo lo que llevaba de abrigo (perneras, manguitos y chubasquero), atravesé el pueblo hasta la última casa y empecé a subir.
A cambio de la dureza, la carretera está bien asfaltada (con algo de gravilla) y el recorrido es bonito. Me sorprendió bastante cruzarme con varios coches.

Como en el col de Hauzai termina lo malo, di la prueba por superada y aproveché para parar y observar una señal que indica que por una carretera que desciende a la derecha se va también a Urepel. Esa señal apuntaba antes a la carretera por la que acababa de subir. Una vez que se me ocurrió bajar por la otra llegué a una casa y allí terminaba el asfalto, así que deben de haberla asfaltado hasta abajo. De hecho, en el rato que estuve en el collado pasaron varios coches por ella, tanto subiendo como bajando. Para otro día.

Por cierto, pronto comprendí a qué se debía la presencia de tanto coche: cazadores. Tanto en Burdinkurutch como en la zona de Lindus había varios parapetos y pude comprobar lo eficaces que son las ropas de camuflaje. En varios momentos, sonaron unos cuantos disparos seguidos. Bastante desagradable.
Se habían tomado la molestia de poner una especie de cortinas de rafia para disimular la presencia de los coches allí donde los habían aparcado. Otros habían cubierto sus vehículos con telas de camuflaje. Vaya personajes.

Entre Lindus e Ibañeta
Entre Lindus e Ibañeta (63kb)

Paré un momento en Ibañeta. Entre las cruces del montículo que hay detrás de la capilla había unas cuantas de este año.

Ibañeta, cruces
Ibañeta, cruces (61kb)

A todo esto, los limones del Caribe seguían a lo suyo, dale que te pego. Se les había juntado un céfiro algo bestia y allí no se podía casi parar del frío que hacía.
Bajé a Roncesvalles y estuve un rato entretenido con la chica de la Oficina de Turismo, preguntándole si conocía pasos fronterizos entre Navarra y Francia de los que no aparecen en el mapa y distintos de los que yo ya conocía. Me enseñó una cosa curiosa: en el mapa de Navarra que dan a la gente aparece ahora (en la última edición, de este mismo año) la carretera que va de la Fábrica de Orbaitzeta al alto de Azpegi y continúa hasta entrar en Francia en el collado de Orgambide; en cambio, no está reflejada la que va de Sara a Zugarramurdi y tampoco las que comunican Urepel con Sorogain e Ibañeta... que sí aparecían (estas últimas) en la edición de 2007, tal y como me demostró con el último ejemplar que le quedaba de ese mapa. Misterio.

Entré en la iglesia. No había nadie, genial.

Roncesvalles, iglesia, interior
Roncesvalles, iglesia, interior (27kb)

Están en obras en un edificio que, según parece, destinarán a albergue de peregrinos.
En la iglesia de Santiago había gente, pero la puerta estaba cerrada. Es que se trataba de un guía con su grupo. Luego fueron a ver el Silo de Carlomagno.

Roncesvalles, iglesia de Santiago y Silo de Carlomagno
Roncesvalles, iglesia de Santiago y Silo de Carlomagno (27kb)

El céfiro y sus amigos me impidieron disfrutar debidamente del tramo arbolado que va a Burguete.
Camino de Garralda el sol se fue animando algo y la cosa mejoró.

Me gustó el mirador de Ariztokia, con sus amplias vistas.

Aribe desde el mirador de Ariztokia
Aribe desde el mirador de Ariztokia (44kb)

Un suave descenso me dejó en Oroz-Betelu.

Oroz-Betelu, Olaldea
Oroz-Betelu, Olaldea (46kb)

A partir de allí se supone que debía buscar un puente colgante sobre el río. O no lo vi o ya no existe. La carretera tenía toda la pinta de ser de reciente construcción. Hubo un rato en el que no pasó ningún coche y me sentí bastante raro, como si me hubiera equivocado de ruta.
Al poco, la carretera comenzó a alejarse del río y a subir y acabé en el primero de los tres túneles por los que pasé antes de llegar a Aoiz. En el primero de ellos, el de Carrovide, ponía que había sido construido en 2005. Como parecía algo largo, lo crucé por una especie de acera.

En Aoiz fui a ver el puente medieval, que me gustó (faltaría más), y subí hasta la presa del embalse de Itoiz. El céfiro me estaba esperando, así que hice una foto y me marché a todo correr.

Aoiz, puente medieval
Aoiz, puente medieval (36kb)
Aoiz, pantano de Itoiz
Aoiz, pantano de Itoiz (32kb)

Continué hasta Urroz con la sensación de que el paisaje era bastante distinto del que había visto a la mañana. La misma subida a Lindus me parecía como si la hubiera hecho otro día, quedaba como muy lejana.
Cogí el desvío que conduce a Erro sabiendo lo que me iba a encontrar: el céfiro incordiando todo lo que podía. No sabía nada de esa carretera y temía que hubiera algún puerto; pero no, es un recorrido que está muy bien, un falso llano (en este caso ascendente), con muy poco tráfico.

De Urroz a Erro
De Urroz a Erro (61kb)
Erro
Erro (26kb)

Lo malo es que llegando a Erro me di cuenta de que me había quedado frío. Paré para coger agua y comer algo antes de afrontar el tramo de carretera hasta Bizkarreta. Me puse el chubasquero y me senté al sol, como los ancianos. En esto, apareció un perro por mi izquierda. Se me quedó mirando, moviendo la cabeza de una forma curiosa, como dudando entre pasar de largo o dar media vuelta. No parecía tenerlo claro. Entonces, y por mi derecha, apareció un gato y se repitió la historia, aunque sin movimientos de cabeza.
La solución fue muy simple: el perro echó a correr detrás del gato, que subió por las escalera de la iglesia y se refugió tras una barandilla. Me pareció algo artificial, como si lo hicieran cada vez que llega un forastero.

Mientras iba hacia Bizkarreta se me hizo evidente, una vez más, lo distinto que es pasar por un sitio según se vaya en coche o en bicicleta. Entre el frío, que no se me iba, y los camiones fue un alivio llegar al desvío a Sorogain.

Se me había hecho más tarde de lo recomendable y estaba bastante cansado, pero el recorrido hasta el alto me pareció más bonito de como lo recordaba de la otra vez que pasé por allí. Eso sí, llegué arriba pidiendo la hora y harto del pelma del céfiro. Es que ya ni las cuestas me hacían entrar en calor.

Sorogain
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Sorogain
Sorogain (23kb)
Sorogain
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Bajando a Urepel vi un coche que lo estaba haciendo por la carretera que, según había deducido, va a Hauzai por el nuevo tramo asfaltado. Le eché el alto y pregunté a su ocupante, un señor algo mayor, si por allí se iba a Hauzai. Me dijo que no, y que le siguiera, que pararía más adelante para explicarme por dónde se sube. Así lo hizo, pero el recorrido al que se refería era el que había seguido yo por la mañana. Repetición de la jugada algo más abajo, en una zona arbolada en la que parecía ser aún más tarde de lo que en realidad era. Se volvió a bajar del coche para seguir con las explicaciones, a pesar de ver que en ese momento subía otro coche que tuvo que esperar a que el hombre terminara de hablarme. Agradecimiento, despedida, el hombre monta en el coche, lo pone en marcha, se arrima a un lado para poder cruzarse con el otro que subía... y se pone a hablar con su conductora. No sé cuánto duró aquello, varios minutos, igual sólo fueron dos o tres, pero allí estaba yo, sin poder pasar, en una situación un tanto surrealista.

De nuevo cuesta abajo, siguiendo al coche del hombre sin demasiada visibilidad, hasta que al llegar a la primera casa (qué cosas, a la mañana era la última), ya sin árboles, fue como si hubiera salido un momento el sol.

Aunque con la calefacción del coche había empezado a recuperarme algo, cuando llegué a Banka me puse en remojo durante un buen rato bajo el agua caliente hasta entrar en calor.

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