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Cambo - Itxassou - Artzamendi - Bidarray - St-Martin-d'Arrossa - Cambo
23-09-2009
(mapa)
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Esta excursión tenía por objeto subir (o intentarlo) el monte Artzamendi, el más alto de Lapurdi. A partir de ahí, ampliaría el recorrido en función de las ganas que me quedaran.
La ascensión al monte Usurbe de Beasain, una quincena antes, me sirvió de test de cara a plantearme en serio hacer lo propio con Artzamendi, pues en alguna ocasión anterior su perfil me había dado la impresión de que escapaba a mis posibilidades.

Habían anunciado buen tiempo, pero durante el viaje a Cambo el cielo se mantuvo nublado y, a ratos, había niebla (como en el puerto de Otsondo).

Entre Cambo e Itxassou
Entre Cambo e Itxassou (22kb)

Me puse en marcha dirigiéndome a Itxassou, pueblo famoso por sus cerezas, aunque también produce pimientos de los de denominación de origen Ezpeleta.
Dando una vuelta por la parte alta del núcleo urbano, donde están el Ayuntamiento, la oficina de correos, etc., localicé detrás del frontón unos aseos públicos que incluían duchas. Feliz por el hallazgo, bajé a la zona en la que se encuentra la iglesia y me adentré por el estrecho valle que forma en ese tramo el río Nive y en el que se encuentra el "Pas de Roland", una piedra agujereada supuestamente por la espada Durandal de Roldán.
Al comienzo y final del tramo, varios carteles advierten de la estrechez y sinuosidad de la carretera, "muy desaconsejada" para caravanas.

Itxassou, iglesia
Itxassou, iglesia (19kb)
Carretera al Paso de Roldán
Carretera al Paso de Roldán (50kb)
Carretera al Paso de Roldán
Carretera al Paso de Roldán (46kb)
Carretera al Paso de Roldán
Carretera al Paso de Roldán (26kb)
Paso de Roldán, escaleras y señal
Paso de Roldán, escaleras y señal (68kb)
Paso de Roldán
Paso de Roldán (50kb)

Poco después, llegué al barrio de Laxia, de donde parte la carretera a Artzamendi. Como de costumbre, llevaba pegada en el manillar la altimetría de la subida. Como ésta tiene 10,8 kilómetros, tuve la ocurrencia de ir y venir, una y otra vez, en un espacio de unas decenas de metros, hasta que el cuentakilómetros marcara 9,2 km. (empecé cuando marcaba 8 y pico). De esta forma me resultaría más fácil ubicar en cada momento mi situación, en previsión de que después no tuviera la cabeza muy predispuesta para cálculos mentales.

Y así, con todo a punto y el cielo aún cubierto, comencé a subir acompañado de la duda: ¿podré? ¿no podré?

El recorrido me gustó mucho durante los primeros kilómetros, muy bonito. Irregular a más no poder (eso ya lo sabía por la referida página de las altimetrías) y con una carretera tan estrecha por momentos que me tuve que parar y arrimar a un muro para que pudiera pasar un coche conducido por una mujer rubia.

Pensaba que no iba a encontrar tráfico, así que me sorprendí con la cantidad (relativa) de coches con los que me crucé o que me adelantaron.
También, me crucé con dos cicloturistas con bicis de montaña, toda una multitud para tratarse de una subida así y no de las famosas.

Sube que te sube, otra sorpresa en forma de pequeño y bucólico valle suspendido. Para entonces ya había salido el sol y empezaba a calentar...

Se acaban las sombras, se llega a una bifurcación y comienza lo peor de la subida, no sólo por la fortísima pendiente sino también por el penoso estado de la carretera, con zonas en las que la gravilla dificulta de mala manera el avance.
Resulta frustrante estar pasándolo mal en una cuesta dura y notar que las ruedas patinan en la gravilla, con lo que la mayor parte del esfuerzo que uno hace no sirve para nada, como no sea para no quedarse varado (como casi me pasó una vez), cual si de las arenas del desierto se tratara.

En lo peor estaba, cerca del col de Mehatze, cuando aparecieron dos coches de frente. Muy considerados (Francia es otro mundo en lo relacionado con el cicloturismo), se arrimaron lo que pudieron al borde de la carretera para que un servidor pudiera pasar sin problemas.
En el citado col había un coche aparcado y dos hombres sentados en el exterior.
Es el último descanso antes de la parte final, que comienza con más gravilla...

Se supone que, estando ya cerca de la cima, uno aguanta lo que le echen. Y así fue. No paré ni para recoger las gafas, que se me cayeron del maillot, confiando en que a los del coche que acababa de ver o a cualquier otro no se les ocurriera subir mientras estaba yo arriba y las aplastaran.
Y llegué. Bastante cansado, con el estómago protestando, pero llegué.

Artzamendi
Artzamendi (23kb)

También se supone que desde arriba hay unas vistas extraordinarias. Lamentablemente, la bruma que había dejado abajo durante la subida impedía disfrutarlas en buena parte del campo visual.

Artzamendi, vistas
Artzamendi, vistas (29kb)

Según un cartelito, un edificio coronado por una gran esfera blanca está relacionado con la aviación civil. Hay otro edificio, pero no ponía nada en el exterior.

Bajando, recuperé las gafas y paré para ver un cromlech en las cercanías del col de Mehatze. Entretanto, los dos personajes de antes subieron en coche hacia la cima.
En algún momento y para evitar sustos bajé de la bici y pasé a pie alguna zona de mucha pendiente, baches y gravilla.
En esto, vi dos aviones de esos teledirigidos volando alrededor de la cima. Así que a eso iban los dos hombres. Me recordaron a los que vi el año pasado en la Madeleine (en Tardets).

A continuación, me crucé con una pareja que subía en bicis de montaña. Aquello ya era una invasión de cicloturistas. Digo yo que esas bicis, de ruedas anchas, tendrán menos problemas en ese tipo de terrenos.

Artzamendi, pareja subiendo en BTT
Artzamendi, pareja subiendo en BTT (35kb)

De nuevo en zona arbolada, volví a disfrutar con lo bonito que es aquello. Traté de entablar conversación con unos caballos y potros que no me hicieron ni caso y se metieron por un senderito para ir a beber a un río en un entorno paradisíaco.

Artzamendi, caballos junto al río
Artzamendi, caballos junto al río (63kb)

A medida que iba bajando (con cuidado, porque en cualquier curva podía aparecer -y, de hecho, aparecían- algún coche) fui viendo más y más senderistas paseando. Normal, es que daban ganas de quedarse.

Artzamendi, pequeño valle
Artzamendi, pequeño valle (31kb)
Artzamendi, carretera
Artzamendi, carretera (58kb)

Un olor bastante característico delataba a distancia la presencia de un camión con remolque que estaba abonando con estiércol unos terrenos. Allí no daban ganas de quedarse.

De nuevo en Laxia, seguí hacia Bidarray por una carreterita por la que ya había pasado en 2007. Como entonces me pareció algo duro el recorrido esta vez no me lo pareció tanto. Lo que peor llevaba a esa hora era el calor.

Del Paso de Roldán a Bidarray
Del Paso de Roldán a Bidarray (43kb)

A cambio, tuve la suerte de detectar a distancia la presencia de un puente que pretendía haber buscado más tarde y desde el otro lado del río, volviendo ya hacia Cambo.
Bajé a una casa cercana (Gîte Larretenia) a preguntar y me confirmaron que era el puente que buscaba. Es de madera y recuerda al de Holtzarte (en Zuberoa), exceptuando la altura, por estar suspendido sobre el río. Tiene su cosa atravesarlo porque hay algunos huecos por maderas que faltan y porque en la parte central uno de los lados está hundido. La pena es que, al llegar casi al final, no se puede pasar más allá del pilar en que se apoya por ese lado. Faltan casi todas las maderas del suelo y la vegetación lo invade todo. Pues eso, una pena que por unos pocos metros junto a una de las orillas no se pueda utilizar un puente tan curioso. De todas formas, aunque estuviera en uso, no sé quién lo utilizaría, salvo que pasara por él algún recorrido turístico.
Si no lo hubiera visto en ese momento y lo hubiera buscado después no habría podido llegar a él, porque me encontraría en el lado desde el que es inaccesible. Así que me marché todo contento.

Puente colgante a la altura de Louhossoa
Puente colgante a la altura de Louhossoa (65kb)

Llegué a Bidarray, cogí agua, pasé junto al Pont Noblia y subí a la parte alta. El muro que hay que superar para llegar arriba me pareció tan tremebundo como lo recordaba. La iglesia, cerrada, para variar. No sé qué misterio tiene esa iglesia, que siempre está cerrada cuando lo habitual en todo el País Vasco francés es que estén abiertas. Es de origen románico, aunque reformada posteriormente.

Bidarray, Pont Noblia
Bidarray, Pont Noblia (27kb)

Vuelta a bajar y a buscar la cueva de Harpeko Saindua, el santo que suda, la piedra que rezuma humedad. Entre unos apuntes que llevaba y alguno al que pregunté me fui acercando. De nuevo un recorrido bonito a más no poder. Las ganas de disfrutarlo se me fueron quitando a medida que empezaron a aparecer cuestas con mucha pendiente. Arriba y abajo, arriba y abajo, hasta que lo de bajar se acabó y aquello era sólo subir.

Bidarray, carretera hacia Harpeko Saindua
Bidarray, carretera hacia Harpeko Saindua (56kb)

Pero bueno, también se acabó el subir, aunque sólo fuera porque se acabó la carretera. Había un caserío y un perro pequeño que se me acercó a todo ladrar. Al final nos hicimos amigos.
Sentada junto al caserío estaba una mujer mayor a la que al principio no había visto. Me dijo que la cueva quedaba a unos 10 minutos. Dejé la bici, pero no el casco para que el sol no me terminara de fundir la cabeza y eché a andar monte arriba a ritmo de marcha de Semana Santa. Qué calor. No hacía más que sudar.

Bidarray, cercanías de Harpeko Saindua
Bidarray, cercanías de Harpeko Saindua (16kb)

El camino por el que iba se cruzaba al poco con el GR-10 (el mítico sendero de largo recorrido que une el Mediterráneo con el Cantábrico), pero yo seguí en la dirección que traía hasta que caí en la cuenta de que aquello no tenía pinta de ir a ninguna cueva. Retrocedí, continué por el GR-10 (lo que me hizo bastante ilusión) y enseguida apareció al fondo la entrada a la cueva. La imaginaba más grande y con más exvotos en agradecimiento por las curaciones realizadas. Entre los que había me gustó un osito pequeño que tenía sujeto un bastoncito de esos para limpiar los oídos.
Tras esperar un momento a que la vista se hiciera a la oscuridad, vislumbré la famosa piedra, que viene a ser como una estalagmita. Parece ser que el agua de la misma es buena para la piel y los ojos, y en tiempos acudía bastante gente de los pueblos cercanos. Tiene asociada una leyenda que en 1938 relató la mujer del caserío cercano al antropólogo D. José Miguel Barandiarán.

Bidarray, acceso a Harpeko Saindua
Bidarray, acceso a Harpeko Saindua (67kb)
Bidarray, Harpeko Saindua, interior
Bidarray, Harpeko Saindua, interior (38kb)

De regreso, paré para hacer una foto en el Pont d'Enfer, el mismo desde el que se tiró el Diablo, desesperado porque no conseguía aprender el euskera.

Bidarray, pont d'Enfer
Bidarray, pont d'Enfer (56kb)

Nuevamente en Bidarray y a la vista de la hora, empecé a pensar si lo más prudente no sería pasar a la carretera nacional y volver ya a Cambo; pero me hacía ilusión seguir hasta St-Martin-d'Arrossa y completar el recorrido de la carretera por la que había venido desde Itxassou pasando por el Pas de Roland.
Por de pronto, volví a coger agua.
Pregunté a uno si la carretera tiene mucha cuesta y me dijo que durante un par de kilómetros va cuesta arriba, luego no tanto y termina bajando a St-Martin. Me señaló el punto al que se llega subiendo y me pareció bastante alto. De todas formas, lo de los dos kilómetros y el pensar que no serían unas cuestas muy fuertes me animaron a seguir, aunque no me iba a sobrar mucho tiempo antes de que oscureciera.

Al poco, me adelantó una pareja madura en un quad. Les seguía un niño (¿o niña?) en otro. Dudo mucho que los niños estén autorizados a conducir esos trastos.

Si llego a saber cómo era la carretera no habría seguido. Igual fue porque para entonces ya estaba tocado del ala, pero las rampas que fueron apareciendo (o que se me fueron apareciendo cual fantasmas) eran tremendas, primas-hermanas de las de Artzamendi, o casi. Qué barbaridad.
Recorridos dos kilómetros, pensé que la cosa se iría normalizando; pero no, siguió en el mismo plan durante un buen rato y con momentos estelares como al rodear un caserío.

De Bidarray a St-Martin-d'Arrossa
De Bidarray a St-Martin-d'Arrossa (14kb)

Tras mucho sufrir, empezaron a aparecer algunos llanos e, incluso, breves descensos.
Llegué a una casa junto a la que había varias personas, en la carretera. Entre ellas, la niña (¿o niño?) de antes, con su voluminoso pelo rizado, que seguía en su quad. Al verme venir, le dijeron que se apartara y lo hizo, se desplazó unos metros, pero sin salir de la carretera. Y yo detrás, sin saber si iba a tener que pararme. Y el quad que volvía a moverse, pero avanzando despacio. Y yo lamentando ir en bici y no en un trailer...

Alguna rampa suelta más y empezó el descenso propiamente dicho y por carretera en buen estado. Por fin, tras una curva, vi abajo el pueblo, ya cerca.
St-Martin-d'Arrossa se había convertido en la tierra de promisión, a partir de la cual me esperaba una carretera como Dios manda y prácticamente llana hasta Cambo.

St-Martin-d'Arrossa
St-Martin-d'Arrossa (27kb)

Paré un momento y descubrí que también allí había una ducha. Esos descubrimientos los valoro más que si se trataran de una mina de oro.
Crucé el río y, hala, de vuelta al punto de partida. Al llegar a Bidarray, paré para coger agua por tercera vez en el mismo sitio.

Llegué a Cambo sin problemas de luz, aunque los coches habían empezado a encender sus faros.
Dejé las cosas en el coche, me presenté en un santiamén en Itxassou, me duché casi a oscuras porque no funcionaba la luz y volví a Vitoria sin ninguna prisa.

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