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Vitoria - Nanclares - Mimbredo - Rivabellosa - Miranda de Ebro - Rivaguda - Vitoria
31-07-2009
(mapa)
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Habían anunciado calor, así que se me ocurrió ir a Miranda de Ebro, que "queda al lado", y aprovechar para ver una cosa en Rivaguda.

Lo del calor se cumplió y, ya puestos, se pasó un par de calles.

Lermanda
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Para llegar a Nanclares de la Oca desde Vitoria pasé por Crispijana, polígono industrial de Jundiz, Lermanda y Margarita en un recorrido que no se puede realizar en coche de esa manera; pero sí en bici. De hecho, en Crispijana hay que recorrer unos metros sobre hierba.

Desde Nanclares hasta más allá del cruce en el que hay que dirigirse bien a Pobes bien a Kuartango están en obras, lo que equivale a polvo, movimiento de camiones y otros vehículos pesados, y desvíos provisionales.

En el Barrio de la Estación, junto a Pobes, nace una carretera que llega hasta Rivabellosa y que recorrí en 1998. Por aquel entonces había que ir necesariamente despacio por ella porque estaba tan bacheada que parecía que la habían bombardeado. Tenía unos baches enormes, que había que rodear.
Se ve que en estos años han hecho progresos los de la Diputación, porque la carretera estaba arreglada.
A ratos se lleva la autopista a un lado; a ratos, al otro.

Es un recorrido bastante solitario, no pasa casi ningún coche. En las cercanías de los pueblos por los que se pasa o en ellos mismos (casos de Hereña y de Igay) hay unas cuestas respetables. Pero es que sólo se pasa por tres pueblos (Mimbredo, Hereña e Igay) antes de llegar a Rivabellosa, así que tampoco es gran cosa.

En Mimbredo pregunté a una mujer qué tiene de particular la "Fuente Pinto", que está a unos cientos de metros del pequeño núcleo urbano y que está anunciada por algún cartel según se llega. Me dijo que es romana. Pues a visitarla. No fui la otra vez que pasé porque ya era tarde y, además, me dijeron que estaba seca. Esta vez tenía algo de agua.

Mimbredo, Fuente Pinto
Mimbredo, Fuente Pinto (43kb)

En Rivabellosa me pasé de listo, no pregunté y seguí una carretera que, en lugar de llevarme a Miranda, me permitió descubrir Comunión y Zubillaga. Cuatro kilómetros de propina desde ese último pueblo hasta Miranda.

Como no tenía muy claro qué ver, me dediqué a vagar por las calles hasta que me topé con el río, que crucé por el puente central, y llegué a la zona antigua, en la que se ubica el Ayuntamiento. Pronto, vi a varios chicos de esos denominados "pies negros", con su estética "ad hoc". Eran un chico y dos chicas, pero es que luego vi muchos más. Habían montado una especie de camping. Supuse que habrían ido para algún concierto.

Tras abandonar esa zona y dar alguna vuelta por las cercanías, volví a ver a una de las chicas del trío inicial. Parecía estar buscando algo y eso fue lo que dijo: que había dejado una botella de kalimotxo (vino con Coca-Cola) debajo de un coche de los aparcados allí y no recordaba de qué coche se trataba. Me fui pensando en lo peregrinas de las ideas de esa gente.

Volví a cruzar el puente y acabé refugiándome del calor en un parque. Estuve bastante tiempo en él.

Como me habían gustado el puente y el casco viejo, volví para dar alguna vuelta más. Acabé sentándome otra vez a la sombra, muy cerca del puente. En poco tiempo, dos coches (sus ocupantes) me preguntaron por el campo de fútbol, por celebrarse en él un concierto. Así que estaba en lo cierto.
Un hombre medio borracho se sentó en "mi" banco y dijo una serie de simplezas hasta que se fue.
Todavía di unas vueltas por "La Huertita", una especie de pequeño laberinto o calles estrechas en las que están las puertas que dan acceso, precisamente, a eso, a unas huertas. Me pareció de lo más curioso.

Tercera sentada a la sombra, esta vez junto a la estación del tren. Qué calor.

Miranda de Ebro
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Miranda de Ebro, plaza
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Miranda de Ebro, río y puente
Miranda de Ebro, río y puente (27kb)

Tras preguntar por dónde tenía que salir para ir a Rivabellosa, enfilé una carretera bastante recta por la que llegué, cerca de Berantevilla, a una carretera que ya conocía y por la que no tenía ninguna intención de pasar, por el tráfico que tiene. Media vuelta y a ver dónde estaba el desvío que me había saltado. Tras dejar atrás un polígono industrial bastante grande, atravesé otra carretera con mucho tráfico y, por fin, llegué a Rivabellosa.
Una conocida me había hablado de unas esculturas que hay en el río, pasado Rivaguda, y para allá fui después de preguntar por dónde se iba, claro.

Llegado a Rivaguda, vuelta a preguntar por las esculturas y así encontré una plataforma de hormigón que tenía como referencia. Allí mismo estaba el río, pero ni rastro de esculturas. A cambio, una máquina estaba bombeando agua. Continué con la bici un rato por la misma carretera por la que había llegado desde el pueblo, pero aquello se alejaba cada vez más del río. Vuelta a mirar, algo más adelante de donde había estado antes, pero sin éxito, aunque casi me lleno las zapatillas de tierra.
Antes de irme del pueblo, les dije a mis informantes (dos chicos y dos chicas) que no había visto las esculturas. Me dijeron que tenía que haber seguido caminando por la finca, junto al río. Pues para otra vez, esperando que no esté arado como en esta ocasión.

Rivaguda
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Eché cuentas sobre el tiempo que tenía para volver con luz a Vitoria, teniendo en cuenta la hora que era y los kilómetros que tenía por delante. Las cuentas no salían muy limpias. Tenía que espabilar.
Y, entonces, nada más salir de Rivabellosa, apareció el viento. En contra, claro, y bastante fuerte.
Las cuestas me parecieron puertos de categoría especial y las cuentas ya no salían de ninguna manera a esa velocidad.

En esas condiciones, el tramo en obras previo a Nanclares se me antojaba un suplicio; pero fue todo lo contrario, porque poco antes de empezarlo se cambia de dirección y el viento ya no molestaba. La idea era llegar con luz natural al desvío hacia Margarita, poco antes de Mendoza. Una vez conseguido, lo que quedaba hasta casa me lo pude tomar con mucha más calma. Tanta que, cuando iba a abandonar el polígono industrial de Jundiz para llegar a Crispijana y atravesar el tramo de hierba, al ver en una papelera un paraguas roto y doblado lo cogí y me lo llevé, colocado en el manillar. No es que quedara muy estético, ni siquiera aerodinámico, menos aún glamouroso; pero quería tela impermeable para hacerme otra bolsa en la que llevar el chubasquero y la ocasión era propicia, amparado en la oscuridad.

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