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St. Jean le Vieux - Osquich - Tardets - Bagargi - Burdinkurutzeta
11-07-2007
(mapa)
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De camino hacia St. Jean le Vieux, pasé por las afueras de Pamplona mientras por sus calles corrían los toros detrás (y delante) de la turba.

Desde poco antes de Roncesvalles, coincidió que de las canciones que llevaba en el mp3 sonaron varias seguidas de tipo melódico que, combinadas con el paisaje, la colegiata, el alto de Ibañeta, etc., daban un ambiente de lo más sugerente al viaje. La racha terminó cuando asomó el amigo Celentano con su "Azzurro".

Ya con la bici, y como siempre que paso por la zona, hice una parada en Ordiarp/Urdiñarbe, que me sigue gustando como el primer día que lo vi.

Ordiarp-Urdiñarbe
Ordiarp-Urdiñarbe (29kb)

A medida que me iba acercando a un lugar llamado Laugibar (desde el que se va a la garganta de Holtzarte, con su puente colgante) iba aumentando la congoja, porque allí comienza la subida a Larrau, cuyos 3 primeros kilómetros tenía que hacer a la fuerza. Estaban asfaltando ese tramo, supongo que de cara a la etapa del Tour del día 25. De hecho, ya habían puesto carteles anunciando que la carretera iba a estar cortada desde el 24 a no sé qué hora.
Gracias al tercer plato (bendito invento) llegué a Larrau-pueblo con relativa dignidad. Es un pueblo antiguo, ya existía en el s. XIII, como mínimo.

Tras descansar un rato y comprobar que el cuentakilómetros se había declarado en huelga, descendí durante un par de kilómetros hasta la zona de Les Forges, bonita, para dirigirme desde allí al col de Bagargi, que forma, junto con Artaburu y Burdinkurutzeta, el trío de accesos asfaltados a la zona de los lagos de Irati. Ya había subido por los otros dos, así que con este otro completaba la colección.
Gracias a que lo había bajado hace años y a la altimetría sabía lo que me esperaba, pero aun así impresiona. Parece mentira que se puedan salvar esos desniveles con una bicicleta. Como tiene varias curvas de herradura se puede ver muy bien el paisaje, sin tener que andar girándose para ver lo que va quedando atrás.

En la parte más dura me adelantó un cicloturista de no sé dónde. Le dije en francés que iba muy bien (él), pero no pareció entender. Parecía un pájaro, iba todo el tiempo de pie sobre la bici. ¡Y con alforjas en ambas ruedas!
Una vez pasado lo peor, pude hasta disfrutar un rato antes de llegar arriba, donde había otro cicloturista, un señor de cierta edad, poniéndose el chubasquero para bajar. Es que empezaba a caer sirimiri y hacía un frescor que ni el de los limones del Caribe.

De camino hacia los lagos de Irati puse en práctica un método experimental para averiguar la procedencia de los cicloturistas con los que me cruzaba. La cosa consiste en levantar el brazo a modo de saludo, sin decir ni mu, cuando se están acercando. Si agachan la cabeza o dicen "bonjour" es que son franceses; si dicen "hola" quiere decir que son íberos (como 3 con los que me crucé al poco); si no hacen ni lo uno ni lo otro es que son raros (que también los hay).

Lagos de Irati
Lagos de Irati (21kb)

Tenía intención de acercarme al Chalet de Pedro (se llama así), que es un bar desde el que, según el mapa, sale una pista o carretera que entra en España, por si era apta para incluirla en la colección ya recurrente de pasos fronterizos; pero entre el frío y la lluvia, que iba a más, desistí.

Subiendo a Burdinkurutzeta (por ese lado es corto y asequible) vi a un caminante y al cicloturista maduro con el que coincidí en Bagargi. Cuando éste alcanzó al andarín, un tipo pequeño con una mochila grande, empezaron a hablar. Los adelanté y paré en el alto para hacer una foto.
Al poco, pasó el ciclista-pájaro, que seguramente acababa de doparse en alguno de los bares de la zona, porque seguía volando.
Un poco después, llegó y siguió adelante el señor de antes.
Cuando llegó el caminante se puso a hablar. Un personaje curioso. Era su quinto día de marcha camino de Cadaqués (Mediterráneo) desde Irún (Cantábrico-Atlántico). Le pregunté por si conocía la carretera o pista que pasaba junto al chalet de Pedro y me dijo que sí, pero que no era apta para bicicleta de carretera sino para BTT.
Al rato, nos despedimos y echó a andar bajando el puerto por el mismo lado por el que lo había subido, en dirección correcta, hacia el Este; pero entonces no sé para qué había subido, salvo que fuera para hacer espionaje industrial (es que le hizo una foto a mi soporte artesanal para llevar un tetra-brik de litro en vez del clásico bidón de plástico).

Carteles de aviso del Tour
Carteles de aviso del Tour (29kb)

Bajando, hice una parada para visitar la "solitaria ermita medieval de San Salvador de los Puertos, refugio de caminantes sorprendidos por la tormenta y de viajeros clandestinos a través de las fronteras ocultas en la niebla", según un documental.
En una placa está escrito lo siguiente:
"De 1942 a 1944. Para numerosos patriotas belgas que iban junto a las fuerzas aliadas, el Irati fue un alto sobre el largo camino de la libertad. Los supervivientes han elegido este santuario de Paz, para volver a dar las gracias a Dios que les protegió, y a los que en el País Vasco les fueron fraternos."
En los 20 minutos que estuve allí le dio tiempo a ponerse a llover en condiciones y a meterse la niebla, que siempre da un toque sugerente a sitios como ese.

San Salvador de los Puertos
San Salvador de los Puertos (27kb)
San Salvador de los Puertos, niebla
San Salvador de los Puertos, niebla (12kb)

Lo que ya no me hizo tanta gracia fue terminar de bajar lo que me faltaba, con pendientes fuertes y la carretera mojada; pero con calma se me hizo hasta corto.

En vista de que el sirimiri seguía, dejé para mejor ocasión la búsqueda de un dolmen que, según unos apuntes que tomé de una página web, debe de ser de lo más interesante.

Por una vez, llegué a Vitoria todavía con luz.

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