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Kortezubi - Oma - San Juan de Gaztelugatxe
27-02-2006
(mapa)
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Hacía unos años que no iba a Gernika, cuyo paso por el centro evita ahora una circunvalación, y a Kortezubi, donde pasé un año allá por el curso 77-78. Qué tiempos.

Lo primero que hice fue ir a la casa en la que pasé aquel curso. Originalmente fue un balneario. Ahora funciona como centro de rehabilitación de toxicómanos, así que me limité a verlo desde fuera, desde una pista que lo rodea en parte.

Kortezubi
Kortezubi (37kb)

Dejé el coche en las cercanías de la cueva de Santimamiñe (para nosotros era un paseo habitual ir allí) y subí a pie los tropecientos escalones que conducen hasta la entrada de la misma.

Kortezubi, Ereñozar
Kortezubi, Ereñozar (23kb)

Luego, me dirigí a pie a Oma. Nada de utilizar la pista de acceso al bosque pintado por Ibarrola que han abierto para los turistas. No. Lo que quería ver en primer lugar era el valle, el valle de Oma.
Para ello, bajé al barrio de Basondo, subí una cuesta y, tras bajar un rato por la carretera, apareció Oma con su apacible aspecto. Impagable.
Se supone que hay muchos valles así, pero si a alguno de ellos se le asocian recuerdos de hace tres décadas la cosa cambia.

Oma
Oma (21kb)

Lo recorrí en su totalidad hasta llegar a un cartel que anuncia que comienza el término municipal de Nabárniz.

Oma
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Media vuelta y a buscar un acceso desde allí al bosque pintado. Aquello está muy cambiado, me temo, y no acerté con el camino. Tardé un buen rato en llegar a donde quería. El suelo estaba húmedo y era fácil resbalar.
Como la visión de los árboles pintados no me había entusiasmado anteriormente, fui sin crearme muchas expectativas y, tal vez por eso, esta vez me gustó más.

Oma, bosque
Oma, bosque (58kb)
Oma, bosque
Oma, bosque (55kb)

Quise volver por Oma en lugar de hacerlo por la pista de Santimamiñe. No lo hice tanto por renegar de esta última cuanto por volver a disfrutar de la tranquilidad del valle. Me costó bastante bajar, había mucho barro.
Busqué una especie de cueva que hay cerca del barrio, pero no recordaba por dónde se llegaba a ella y no la encontré a pesar de meterme por varios caminos.

Cuando ya me iba, vi a Agustín Ibarrola sacudiendo algo en el balcón de su casa.

Oma
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En Basondo, me salió al paso un perro blanco, todo animoso. Un caso de bicho. Su dueña me dijo que es un "pastor de la montaña" (la raza) y que "va a su bola".

De nuevo con el coche, bajé a Arteaga atajando por una pista de cemento por la que no había pasado nunca.
De allí a Ibarrangelu y a Kanala, siguiendo la costa (playas de Laga y Laida), hasta que caí en la cuenta de que un desvío en el que ponía "Akorda", cerca de Ibarrangelu, debía de ser por donde se va a San Pedro de Atxerre.
Efectivamente, se llega a un lugar en el que se deja el coche, a 2 kilómetros de la ermita, y se sigue a pie.

Cuando llegué se estaba marchando una pareja y me quedé solo, así que estuve a mis anchas. Ponía que la ermita la habían renovado en 1995.
Una gozada las vistas de la ría.

San Pedro de Atxerre
San Pedro de Atxerre (18kb)
Mundaka, desde San Pedro de Atxerre
Mundaka, desde San Pedro de Atxerre (14kb)

Vuelta Gernika y rumbo a Bermeo.
Estaban ensanchando la carretera y el tramo transitable resultaba algo estrecho.

Pasé de largo por el pueblo y me acerqué al Cabo de Matxitxako, junto a cuyo faro estuve un rato.

Cabo Matxitxako
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Cabo Matxitxako, faro
Cabo Matxitxako, faro (13kb)

Otro rato conduciendo y, de nuevo, tropecientos escalones por delante para acceder, esta vez, a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe. La primera vez que estuve allí, en 1978, me dejó un recuerdo tremendo, sobre todo por el espacio rocoso que dejaba a la vista la marea baja que había en aquella ocasión. Había erizos (de mar), estrellas (de mar), lapas...
Esta vez había marea alta, mala suerte.
El lugar es muy conocido, más aún desde que allí se casó Ane Igartiburu...

San Juan de Gaztelugatxe
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San Juan de Gaztelugatxe
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Han mejorado el espacio que hay cerca de la ermita, creando una especie de refugio.
Andaba gente y luego vi que empezaban a llegar parejas jóvenes.

Bajé a Bermeo y di una vuelta. Acabé en el puerto y me impresionó la actividad que había y el movimiento de los barcos descargando y dirigiendose después hacia el centro del puerto para "aparcar". Ya era de noche.

Algún día tendré que volver para visitar el Museo del Mar, frente a cuya entrada hay unas esculturas alusivas a la espera de las familias cuando los pescadores están en el mar.

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