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Isaba - Piedra de San Martín - Sainte Engrace - Larrau - Isaba
16-09-2005
(mapa)
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El trayecto en coche hasta Isaba permite contemplar el embalse de Yesa y el bonito valle de Roncal.

Al salir con la bici hacía buen tiempo, pero en la radio habían anunciado cambio durante el día.

Lo primero que me encontré en la carretera fue un toro pacífico (no de los de lidia, obviamente) al que saludé, igual que hice con otro amigo suyo al que vi después.

El paso por el valle de Belagua es relajante, con un falso llano que permite ver tranquilamente el paisaje.
La subida hacia el puerto de la Piedra de San Martín por esa vertiente es llevadera, aunque no precisamente fácil.

Las vistas a medida que se va subiendo son una gozada. El panorama cambia a partir del portillo de Eraice. Tras una zona de praderas, aparecen los pinos que han conseguido hacerse un hueco en el terreno kárstico y luego aparece la curiosa curva helicoidal.

Tras devolver los saludos a los simpáticos ocupantes de dos coches, uno francés y el otro inglés (descapotable), llegué a la cima, donde no conseguí aclararme respecto al lugar en que se celebra el famoso "Tributo de las tres vacas" (posteriormente me enteré de que es en el mojón 262). En realidad, tampoco es que la cima tenga mucha pinta de serlo realmente.

La estación invernal de Arette sorprende por su tamaño, parece un pueblo.

Bajé a Sainte Engrace por una carretera que me impresionó por su dureza (para el que suba por ahí) y por el paisaje. Me quedaron ganas de volver a pasar en otra ocasión.

De repente, oí un ruido en la cadena, como si hubiera sufrido una avería; pero se trataba de la cuerda con la que había tenía sujeto el chubasquero bajo el sillín, que se había escapado del bolsillo y no había tenido mejor idea que meterse entre los piñones y los radios de la rueda trasera.

El descenso termina en la misma Sainte Engrace. Entré a ver su iglesia, del siglo XI. Tiene una mitad bastante torcida que está reforzada. Por lo visto, hubo un monasterio anexo. Otro lugar para volver.

Sainte Engrace, iglesia
Sainte Engrace, iglesia (30kb)
Sainte Engrace
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Muy bonito también el paisaje según se va hacia la carretera que comunica Tardets y Larrau. Se pasa junto a la entrada a la garganta de Kakoueta.
Tras enlazar con esa carretera, se sube muy suavemente hasta el refugio de Laugibar, donde comienza el puerto de Larrau.
Hacía calor y me había quedado sin agua.

Los poco más de dos kilómetros hasta Larrau pueblo son bien duros. Llegando, me encontré de frente con un grupo de vacas que, muy amablemente, me dejaron pasar al ver mi cara de sufrimiento.

Como necesitaba agua urgentemente, paré junto a una fuente y aproveché para descansar un rato y comer unas barritas de cereales.

Larrau
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De nuevo cuesta arriba, disfruté hasta donde pude del paisaje. Después, se me quitaron las ganas de mirar otra cosa que no fuera el suelo. Qué puerto más duro. Me dolían los riñones, los metros pasaban a cámara lenta y, como no funcionaba el cuentakilómetros, buscaba con ansiedad unos mojones que parecían tardar cada vez más en aparecer.

Llegando al col de Erroymendi, en una rampa larga que termina con un 16% de desnivel, apareció por la parte de arriba un rebaño de ovejas... Esperaba que se mostraran tan civilizadas como las vacas con las que me había cruzado llegando al pueblo y, de hecho, las primeras se apartaron; las siguientes, también; las siguientes... ya no. Acabé por salirme del asfalto para seguir por la hierba. Tuve mucha suerte de no encontrar piedras y de que prácticamente no hubiera escalón entre una superficie y la otra.
Alcancé el col hecho un cromo.

Los tres kilómetros siguientes son una bendición para el globero, que puede recuperar la dignidad perdida.

Poco antes de que termine el oasis y lleguen los dos últimos kilómetros de ascensión aparece un mojón de lo más curioso: indica que faltan 2,3 km. hasta el puerto.

El penúltimo kilómetro lo subí con aparente dignidad, amparándome en lo que había podido recuperarme; pero el último se me hizo eterno, inacabable. A falta de 300m, otro mojón: 0,3km. La monda.

A distancia, miré las pintadas que había en la carretera, las conté y así, mirando al suelo en lugar de lo que tenía por delante, descontando las pintadas a medida que iba llegando penosamente a ellas, terminé por alcanzar la cima del terrible Larrau.

Estaba hecho puré, pero no pude celebrar mucho el momento porque por allí arriba soplaba un viento bastante fuerte y fresco. Había dos personas bastante abrigadas junto a un coche viendo el paisaje.

Como no había otro sitio (aparte del suelo) para apoyar la cámara y hacerme una foto, aproveché la presencia de una excavadora para utilizarla como soporte. Al tercer intento (porque en los dos anteriores el viento tumbó la cámara) hice la foto y salí pitando cuesta abajo.

Me llevé algún que otro susto por el empeño del viento por sacarme de la carretera y por el frío que estaba pasando.

Una vez abajo, todavía me quedaba por superar el alto de Laza. Como ya era tarde y quería llegar cuanto antes a Isaba, se me hizo largo, aunque no lo sea.

Corrí todo lo que pude camino de Isaba, adonde llegué ya anocheciendo. Al pasar por Uztárroz me pareció un pueblo muy bonito. Para otra vez.

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