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Vitoria - Maestu - Santa Teodosia - Maestu - Treviño - Vitoria
24-06-2005
(mapa)
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Se trataba de la segunda excursión del año con la bici, de modo que la intención era andar en plan tranquilo y relajado.

Muy en mi papel, subí Azaceta a mi paso y paré arriba, junto a una carretera de servicio de no sé qué (más adelante me enteraría de que esa carretera conduce al pueblo abandonado de Berroci, donde tienen su sede las unidades de élite de la Ertzaintza).

Tras coger agua en Maestu, comencé a subir hacia los montes de Iturrieta. Me gustó ese recorrido, pasando por pueblos pequeños y tranquilos. La pendiente es irregular, sin rampas largas.

Se me hizo corto el trayecto hasta el desvío que conduce a la ermita de Santa Teodosia, adonde llegué sin mayor novedad, todo satisfecho.
Me entretuve leyendo unas explicaciones sobre un mojón en el que se reunían varios pueblos una vez al año para discutir sobre pastos, bosques, etc.

Vista desde Santa Teodosia
Vista desde Santa Teodosia (39kb)

Tan bien me veía, tan sobrado de fuerzas y de tiempo, que, en lugar de bajar el puerto de Opakua y regresar a Vitoria, decidí volver a Maestu y, desde allí, tirar hacia Bernedo y Treviño.

Volví a coger agua en Maestu. Hacía bastante calor.

De allí hasta Corres hay que subir durante un buen rato, con alguna rampa considerable. Luego se baja hasta el pueblo, que visité. Bonito, de calles bastante estrechas. Subí hasta la iglesia y descansé un rato.

Corres
Corres (39kb)

Saliendo del pueblo, vi un plano y entonces caí en la cuenta del berenjenal en el que me había metido. La improvisación me iba a suponer bastantes más kilómetros de los previstos.
Al menos, lo visto en el plano me sirvió para orientarme en los cruces que me fui encontrando.

Más subidas, más bajadas, y el mismo calor.

Dejé atrás Bernedo y llegué a Obecuri con mucha sed. Cogí agua en una fuente "sin garantías sanitarias" y aproveché para sentarme un rato.

A la altura de Páriza, pinché. No me hizo ninguna gracia. Me lo tomé en plan filosófico y me senté a la sombra, sin prisa. La cubierta de la rueda pinchada era de las que tenían aro metálico y eso bastó para que se me olvidara la filosofía mientras me dejaba las yemas de los dedos en el intento de volver a colocar la cubierta en su sitio.

Cuando cogí el desvío hacia Vitoria en Ventas de Armentia lo acababa de hacer, aunque proveniente de Treviño, una cicloturista rubia.
Di por hecho que la dejaría atrás pronto, pero no contaba con que con el cambio de dirección me iba a encontrar con un viento bastante fuerte en contra.
Bastante hice con alcanzar a la chica, que se ve que andaba bastante en bici, y con mantener el equilibrio. Entre el viento (y sus rachas imprevistas) y que la carretera estaba medio en obras, fue cosa de agradecer la paciencia de los conductores mientras subíamos hacia Uzquiano. Allí paré a coger agua, perdí de vista a la chica y más adelante ya no había obras; pero seguían el viento y el calor.

Empecé a subir el Puerto de Vitoria como alma en pena, pero el propio viento acabó por refrescarme a medida que iba subiendo. Además, la reciente reforma del puerto lo ha dejado más corto y más bajo, así que muy bien para llegar entero a casa.

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